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Temas heredados consumen gran parte del tiempo de la Presidenta
Laura recibe cancha embarrialada de Arias
Carretera a Caldera, déficit fiscal e inseguridad son algunos de los problemas endosados
La presidenta Laura Chinchilla ha tenido que caminar por un terreno lodoso, pero no precisamente por la visita que realizó la semana pasada a las comunidades afectadas por las recientes inundaciones que han afectado el país, sino porque recibió la cancha embarrialada del gobierno anterior.
El déficit fiscal, los graves problemas de inseguridad ciudadana, las críticas de la supuesta apertura anticipada de la carretera hacia Caldera y el traspié del proceso para modernizar los actuales puertos del Caribe, son algunas de las dificultades con que se ha encontrado Chinchilla.
A esos problemas se suma el tener que ingeniárselas para tratar de convencer a varios diputados de su propia fracción para que le ayuden en su tarea, pues algunos de ellos dan señales de responder a intereses electorales de Rodrigo Arias, hermano del ex presidente y quien aspira a ser mandatario en 2014.
“Fue una ligereza del ex presidente Arias plantear que la mesa estaba servida, como si nada más era de sentarse; era una mesa servida, sí, pero sin alimentos. Varios de los problemas de gravedad que la mandataria enfrenta, como el déficit fiscal, la inseguridad y los problemas con las concesiones viales y portuarias, son brasas no apagadas del anterior gobierno y que ella no ha podido resolver por su complejidad”, dijo José Carlos Chinchilla, sociólogo de la Universidad Nacional (UNA).
El principal cuestionamiento que enfrenta la Presidenta en este momento tiene que ver con la concesión de la carretera a Caldera, de la cual se refuta que se inauguró de forma prematura y presuntamente sin cumplir con todos los requisitos para garantizar su funcionalidad al 100%.
Debido a las críticas generadas por los constantes cierres en la vía por derrumbes de los taludes y varios hundimientos, la semana anterior, Chinchilla ordenó realizar una investigación para sacar a la luz posibles irregularidades en la fiscalización de las obras y sentar responsabilidades.
Asimismo, exigió a Autopistas del Sol, empresa concesionaria de ese proyecto vial, ajustar las tarifas de los peajes.
Pese a que la decisión de abrir la carretera fue del gobierno anterior, la mandataria no ha señalado a la administración Arias como la responsable por las deficiencias en la vía.
Esta no es la primera vez que Chinchilla es cauta con sus palabras cuando se refiere a su antecesor, también ha evitado aludir en términos negativos a otras decisiones que él tomó y que hoy le generan dolores de cabeza, como el cierre de la radial que comunica la circunvalación con Escazú y el fallido intento por concesionar los puertos del Caribe.
“La señora Presidenta no se ha atrevido a romper abiertamente con el gobierno anterior, por lo que anda defendiéndolo a medias, se cuida de no atacar lo que no se logró o pareciera se hizo mal. Es una situación complicada porque camina al filo de la navaja”, expresó Manuel Rojas, analista político de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
La cautela que ha guiado a Chinchilla para evitar los cuestionamientos, podría deberse a un cálculo político, ya que criticar abiertamente a la administración Arias podría complicarle la tramitación de iniciativas, debido al remanente de la alta cuota arista todavía existente tanto en el Congreso como en el gobierno.
La buena relación con su bancada es de vital importancia en momentos en que la Presidenta está impulsando una serie de iniciativas como el Plan Fiscal, los proyectos para financiar la seguridad ciudadana y la apertura del mercado energético.
“Hablar claro sobre los problemas heredados le reafirmaría su imagen y liderazgo y así salvaría responsabilidades si no los puede arreglar; sin embargo, por otro lado, le complicaría la situación política por la alta cuota arista entre sus diputados. Si los problemas se le complican mucho, no tendrá más remedio que tomar una decisión”, añadió Rojas.
Ante esta encrucijada, la mandataria ha basado su apuesta en la promoción del diálogo y de esta forma convencer a los sectores y a los partidos de oposición, de que esas bolas de fuego son muy pesadas y que amenazan provocar un incendio, si no existen acuerdos pronto.
En ese sentido, el fortalecimiento de su imagen ante la opinión pública, como lo demuestran las encuestas, le permite tener mayor autoridad para promover el diálogo y buscar las salidas negociadas a los diversos conflictos; sin embargo, debe apresurarse porque su imagen se puede desgastar rápidamente y su popularidad decaer.
“Resolverá los problemas en la medida en que busque alternativas en la negociación. Sentarse a dialogar con los diferentes sectores es la única salida que tiene para resolver problemas tan complejos, que vienen rodando de la anterior administración”, concluyó Carlos Carranza, director de la Escuela de Ciencias Políticas de la UNA.
Sobre las tareas pendientes dejadas por la administración anterior, la propia mandataria había manifestado a LA REPUBLICA, al cumplir 100 días en el cargo, que un gobernante saliente no puede dejar todo resuelto al dejar la Presidencia.
“Gobernar es una tarea que no se acaba a pesar de que se dé un cambio de gobierno. Por más que se quiera, siempre quedan tareas pendientes, nosotros hemos iniciado nuestra labor con gran esmero”, expresó Chinchilla.

Natasha Cambronero/Esteban Arrieta
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