Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 22 Diciembre, 2011


De cal y de arena
Las pataletas del plan fiscal

Infartado el proyecto de ley arbitrariamente bautizado de “solidaridad tributaria”, resta fijar el costo político de esta desventurada iniciativa que puede terminar en un deceso en los pasillos de la Sala Constitucional o con vida en los de la Asamblea Legislativa pero en condiciones de extrema astenia. Si de la Sala sale bien librado de los vicios procesales que se le anotan a su trámite, el “imprimatur” no lo salvará del vicio disfuncional que padece y que es grave ante la magnitud de la crisis fiscal marcada por un déficit que sobrepasa el 5% del PIB. Es decir, estaría vivo pero tan venido a menos que no podría dar vigor ni firmeza al oficialismo ni sanar las fisuras y alejamientos surgidos entre diputados y ministros. Así como ha quedado por gracia de las concesiones hechas a los grupos de presión, solo proveería recursos para enjugar la cuarta parte del déficit fiscal. Y en el caso de que la Sala declare inconstitucionales los términos del trámite de urgencia impuestos a este proyecto, su suerte quedaría librada a una serie de imponderables políticos que harían impredecible sus reglas y la fecha de su vigencia. De una o de otra forma, porque la Sala lo hundió o porque es por completo ineficaz ante tal déficit, el “proyecto de solidaridad tributaria” es un fracaso. Lo más sensato es que el gobierno no se desgaste más en él y proponga otros remedios para el déficit fiscal. Pero ¿permite la hoja de conducta de la administración Chinchilla espacios para la sensatez?
Este tortuoso tránsito implica un precio político que de seguro no va a pagar el gobierno (ya no tiene nada que perder) ni el Partido Liberación Nacional (que raciona su apoyo y se distancia para no atollarse). El costo político de esta suma de pifias va a recaer en el Partido Acción Ciudadana que precipitó su respaldo a una iniciativa de difusos contenidos y precariamente respaldada en las filas del gobierno. El PAC se echó a la espalda la cruzada de su defensa cual si estuviese compartiendo gobierno y como si el plan fiscal fuese un modelo de virtudes. Total, sus filas se cuartearon y hoy encara la probabilidad de que ese paso hacia el protagonismo revestido de patriotismo con que Ottón Solís quiso justificar la aventura, resulte un salto al vacío. Urge encarar el déficit fiscal más grande de Latinoamérica, por cierto. No pierda la Presidenta más tiempo y establezca los canales de comunicación indispensables para forjar una alianza de fuerzas que respalde otra propuesta de ley en que se cautelen la progresividad y la equidad, se rescaten los principios de renta mundial y global, se racionalice el sentido de los escudos fiscales, se ligue el IVA con el impuesto a la renta, se reconsideren las concesiones hechas a los grupos de presión en el presente trance, se ataque con seriedad el despilfarro y el tema de los disparadores de planillas y deuda pública y se cierren los portillos a la evasión y la elusión. Consejos estos que he leído en prestigiosos economistas.

Alvaro Madrigal