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El Santamaría tendrá al fin luces de aproximación en su pista de aterrizaje. Nos alegra. Pero queda el sabor amargo de que algo indispensable se haya pospuesto cinco años

Las luces del quinquenio

Aunque parezca un chiste de mal gusto, es nuestra realidad. Se necesitaron cinco años para instalar las luces de aproximación en la pista de aterrizaje del aeropuerto Juan Santamaría, de las cuales carecía. Y eso que nuestra principal industria es el turismo.
Cuando puedan ser encendidas por fin —se dice que en setiembre—, muchas de las aerolíneas que llegan a esa terminal de noche no tendrán ya que desviarse hacia otros aeropuertos de la región por falta de luces que les permitan orientarse hacia la pista de aterrizaje.
Calculan en un 30% la cifra de vuelos que se desvía a otros aeropuertos cercanos por falta de visibilidad para que los pilotos puedan hacer su aproximación a la pista. A partir de setiembre esas aerolíneas ahorrarán el costo adicional que eso les significa y evitarán también ese desperdicio de combustible.
La buena noticia de que finalmente saldrá el país de ese estado desastroso en su principal terminal aérea, nos alegra, desde luego, pero deja el sabor amargo de que algo indispensable se haya pospuesto por cinco años.
Cualesquiera que sean las supuestas razones para ello no son válidas. Nada puede justificar que aquí las cosas avancen en años, y no en meses, como debería ser en muchos casos. Esto es algo que debe estudiarse y corregirse sin tardar años en esa tarea.
Un país cuyo principal capital, como se dice, es el talento humano, no tiene por qué sufrir esas paralizantes demoras que convierten la realización de cualquier obra pública en un drama que mantiene a la población —y a veces a los visitantes— sufriendo durante años las consecuencias de ello.
Si esa es la realidad, ¿por qué no hemos querido cambiarla? ¿Cuál o cuáles factores impiden que el conocimiento y el talento humano costarricense puedan actuar en beneficio del país en general? ¿Dónde están las trabas, los intereses, o lo que sea que paraliza mentes y acciones?
Eliminar esas trabas y salirse de la telaraña es imprescindible si queremos alcanzar el desarrollo adecuado y sostenible que tanto buscamos.
Ojalá las nuevas luces en el Juan Santamaría sean un estímulo para que se iluminen también mentes que decidan hacer lo correcto en ese sentido.
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