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La paradoja del atascadero

Usted va conduciendo su vehículo y al llegar a una intersección, pese a tener la luz verde a su favor, encuentra un vehículo atravesado en el centro de la calle, debajo del semáforo. ¿Qué hace? ¡Nada, no puede hacer nada! Solo le queda esperar que ese conductor se mueva y que el que viene detrás de él sí respete la luz roja para que usted pueda avanzar.
Eso es lo que ocurre en diversos procesos en las organizaciones. Las cosas van fluidas hasta que alguien se atraviesa, hace lo que no debe, quiebra los valores o las reglas del juego y se desata, desde entonces, un efecto dominó con resultados erráticos. Si se tiene la iniciativa para volver a las bases y reordenar el tráfico de principios, relaciones, decisiones y actitudes, el proceso recobrará su fluidez; de lo contrario, la organización se atascará cada vez más.
El congestionamiento será mayor si quienes atascan el proceso son personas con poder que violentan la sana jerarquía de responsabilidades y el respeto que debe prevalecer en todo sistema humano. Sun Tzu, filósofo guerrero chino, dijo hace más de 2 mil años en su libro “El Arte de la Guerra”, que si los generales son capaces y no sufren las interferencias de sus soberanos, saldrán victoriosos. Sí, interferencia es el término correcto para calificar las acciones de jefes que rompen las líneas de mando e irrumpen directamente ante los miembros de una empresa o equipo, desconociendo y socavando la autoridad de los líderes intermedios de ese personal.
La situación empeora cuando los que obstaculizan la fluidez no son ni siquiera esos jefes, sino otros actores que invaden territorios ajenos, emiten criterios infundados, y se extralimitan en sus funciones, afectando la estabilidad, la unión y el orden en el equipo. Según Tzu, los estrategas proclives a la ira y los muy emocionales, son desastrosos para conducir operaciones pues arremeten sin sensatez contra quienes no gozan de su beneplácito y afectan el ambiente de trabajo.
Cuando alguien hace lo incorrecto y afecta a otros, algo sale mal. Es una lástima que organizaciones con el talento para alcanzar sus metas, no las logren por la paradoja de que, en ocasiones, quienes deben ser los facilitadores de esos logros son quienes obstruyen el libre flujo de energías en el equipo.
No obstante, esta paradoja es aún mayor cuando el atascadero se inicia en nuestra propia mente, con pensamientos negativos e inútiles, que se interponen en el camino para boicotear la voluntad de convertir anhelos en realidades.
Observe una avenida congestionada en su ciudad, ¿verdad que los mayores problemas se originan cuando alguien hace lo incorrecto y se atraviesa? ¡No seamos uno de esos, y menos dentro de las autopistas de nuestra mente!

German Retana
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