Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 6 Octubre, 2007

ELOGIOS
La novia

Leopoldo Barrionuevo

Cantaba el chileno Antonio Prieto hace casi 50 años: “Blanca y radiante va la novia/la sigue atrás un novio amante”, una historia que enternecía en blanco y negro a los espectadores precarios de la naciente televisión. Fueron los últimos años de las novias románticas, de la esperada noche de bodas en la que —dolorosamente para muchas— perderían la virginidad.
El vestido blanco que jamás volverían a ponerse, víctimas de la obesidad y el velo que se alzaba con cuidado para el beso obligado del final de la ceremonia. No hay que olvidar que el traje de novia equivalía al ascenso del de la primera comunión, pero con novio. Después se producía la salida de la iglesia, con el consabido grito de los pibes que aguardaban que el padrino les arrojara monedas y por fin llegaba la fiesta que pagaba el padre de la novia.
Cómo olvidar a las viejas del barrio que murmuraban al paso de una novia fajada con esmero: “tamaña desvergüenza, vestirse de blanco después que pecó”, porque el blanco era la pureza y jamás se usaría en futuros matrimonios, que solo se producían cuando la novia pasaba a militar en la categoría de viuda puesto que el divorcio existía en pocos casos, pese a ello se consideraba de mal gusto repetir el blanco, por cuanto la novia venía con millaje recorrido.
Algunos noviazgos eran poco menos que eternos a la espera del título de los estudiantes crónicos o los que aguardaban un aumento de sueldo para no tener que convivir con los padres, porque lo doloroso de la unión era la inesperada adquisición de una suegra, pero para ellas había algo peor: la incorporación de una nuera o un yerno a la familia. Hoy sigue pasando lo mismo.
Pero los tiempos cambiaron y en Costa Rica se denomina novia a la que sale con los hombres casados, es decir, la que no tiene papeles, lo que la hace más atractiva, hasta que el tipo se divorcia y la novia pasa a ser la esposa, lo que daña el encanto de lo prohibido, de las escondidas, de las citas furtivas, hasta que el tipo se consigue otra novia y esta a su vez, una promesa: la de ser esposa y así hasta el infinito.
En tiempos de demografía contraída lo mejor es conseguir novia al menos con un hijo porque la aspiración de toda mujer al sonar el despertador del reloj biológico es ser madre y si el tipo insiste en nuevas aventuras, termina constituyéndose en padre múltiple que son los que a la postre continúan sosteniendo al estado en base a las pensiones alimenticias.
En estos casos, la novia escucha del tipo sus peripecias en el hogar y entonces lo tranquiliza con la promesa al comenzar la relación de que ella será distinta que su esposa que no lo comprende. Y el gilipollas se lo cree.
¡Cómo han cambiado los tiempos! Antes uno se arreglaba como podía con tanto hijo y la pobreza alcanzaba e incluso los mayores educaban a los más pequeños, ahora los padres llevan a los niños los domingos a un fast food sin mucho que decirles, porque la mamá divorciada sale ese día con su novio. Ambos gastan en exceso en los niños para compensar la ausencia y los llenan de regalos como para que terminen mal, dependientes y chineados.
Cambiaron los tiempos, es cierto pero más cambió el noviazgo: antes era una epopeya que concluía con el matrimonio, ahora los noviazgos abundan después del matrimonio.


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