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Un pueblo inteligente sabe reconocer a los líderes capaces de llevar a una nación a la prosperidad, aun en situaciones adversas

La juventud reclama su espacio

Costa Rica se distingue por sus altos estándares educativos, como consecuencia de una política de igualdad de oportunidades en el estudio desarrollada desde el inicio de su historia republicana.
Precisamente la semana pasada, los diputados confirmaron este compromiso con el acceso universal a una formación de calidad, asignando un 8% de la producción nacional al presupuesto de educación.
La prioridad dada a este aspecto nos ha permitido construir un país de paz, porque un pueblo educado respeta la justicia, la supremacía de la ley, los derechos humanos y las libertades fundamentales, tanto a lo interno como fuera de sus fronteras.
Se da por sentado que existe una proporción directa entre el acceso a la educación y el mejoramiento de los indicadores sociales. Por eso la naciones desarrolladas no escatiman esfuerzos en la formación de los ciudadanos.
Sin embargo, en los últimos meses han surgido movimientos juveniles en distintos puntos del planeta, que dan cuenta de una generación más que contestataria, indignada; cuyas consignas están modificando el devenir del mundo.
Se ha querido atribuir estas protestas al acceso que las nuevas generaciones tienen a redes sociales de Internet, pero lo cierto es que la juventud actual se plantea el reto de transformar la sociedad en que le toca vivir, a la que ve como generadora de injusticias en cuanto a la creación de oportunidades.
La mayoría de estos jóvenes indignados invirtió años y dinero en obtener un título técnico o profesional, y sienten que los gobiernos prefieren satisfacer las necesidades de la industria multinacional, y que tales políticas crean obstáculos para encontrar empleo.
En algunos casos, a los graduados se les recrimina que están sobrecalificados, en otros que no tienen experiencia laboral, y así terminan relegados a funciones más cercanas a la maquila que a la realización profesional o técnica que ambicionaban.
Pero un pueblo inteligente y educado sabe desenmascarar la demagogia economicista, así como reconocer a los líderes capaces de llevar a una nación a la prosperidad, aun en condiciones adversas.
Por más que un país invierta en planes educativos, si no sabe abrir espacios de desarrollo a las generaciones emergentes, provoca que estas se sientan decepcionadas de una clase política incapaz de promover el ascenso social.
La juventud está demostrando su poder en Europa, Asia y Africa, y es advertencia para quienes gobiernan en uno y otro lado del Atlántico.
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