La guerra en el arte
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La guerra en el arte

La celebración del centenario del Armisticio el pasado mes de  noviembre, nos brinda la ocasión para reflexionar y aprender sobre cómo las guerras en general, sobre todo la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) tienen gran influencia en el arte, especialmente europeo, cambiando la visión del mundo de lo que en la época se denominó “bellas artes”, hoy día, más conocido como “artes plásticas”.

Nuestro país celebró una mesa redonda en la cátedra de Francisco Amighetti de la Universidad de Costa Rica, sobre la reconciliación de las naciones a partir de la paz, 100 años después de la la Gran Guerra, como también se le conoce a la Primer Guerra Mundial; iniciativa del embajador francés en Costa Rica, Jean B. Chauvin, acogida por el “Club de amigos de Francia”, dirigido por Ginette Barrantes Saénz.

La Primera Guerra (PG) establece problemas inéditos a los artistas. Los temas clásicos de las pinturas de batalla desaparecen, los lienzos dejan de mostrar combates heroicos que se caracterizaban por el valor. Estos son reemplazados por masas de soldados con uniformes color tierra seca, una guerra mecanizada que parece salirse del combate tradicional.

Los roles de la pintura y el dibujo se debilitan, dando grandiosidad a la fotografía. A partir de 1915 la prensa muestra más y más fotos del “frente de batalla” retratando la realidad de la PG, mostrando la brutalidad de su horror.  

De esta forma, el artista Marc Chagall, desde San Petersburgo, rinde cuentas con su arte, principalmente con la célebre serie “El soldado herido” (1914).

Otro pintor, Otto Dix, no muestra respeto por los combatientes. Lejos de exaltar el heroísmo, denuncia un salvajismo destructivo, dando testimonio de los efectos de la guerra sobre el hombre, la naturaleza y el patrimonio. En 1933, los nazis lo remueven de su puesto como profesor de la Academia de Dresde y ve sus propias obras figuran en la exposición de “artes degenerados”. Sus obras chocan a la opinión alemana, considerando su trabajo irrespetuoso, tal como su obra “Asalto sobre el gas” (1924).

Los aviones de combate vienen a transformar el arte durante la PG, se reconfigura la representación del mundo. El alemán Oskar Schlemmer retrata en su periódico  un planeta plano, sin horizonte, sin escala; se provoca en las pinturas una estética catastrófica.

Felix Vallotton ejecuta un estilo minucioso de ruinas tras los bombardeos, impulsando una contradicción de colores y luces inspirado en la muerte tras la guerra, estalla en el absurdo de la destrucción del Hombre por el Hombre, dejando plasmada una naturaleza impasiblemente idéntica.

Al final, la PG deja un movimiento de revuelta, por ejemplo el dadaísmo, movimiento intelectual literario y artístico que se opone a toda ideología y política. Además, los artistas rechazan los valores de la sociedad occidental, rayando muchos en el irrespeto y la extravagancia.

Buscan la mayor libertad de expresión con el propósito de que la humanidad reflexione sobre los fundamentos de la sociedad. No hay jerarquía, y por la primera vez, las mujeres son reconocidas en plenitud dentro del movimiento artístico, se les da un lugar “completo” en el arte. Quizá sea ésta una de las mejores lecciones y herencias de la injerencia de la Gran Guerra en el arte

Pie foto:  Obras de Félix Vallotton – L’Église de Souain, 1917.

Carmen Juncos

Ricardo Sossa

Editores jefes de Candilejas


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