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¡La fuerza del propósito!

¿Cuál es la razón de ser de su equipo? ¿Qué mueve a sus miembros a trabajar con tanto esfuerzo? Al responder estas preguntas se estará puntualizando el gran propósito del equipo; de allí en adelante lo que sigue es decidir estrategias y reglas de oro para cumplir dicho anhelo.
¿Hacia dónde va una organización que no tenga claro su propósito o que este no es compartido por igual por sus miembros? ¿Qué une las intenciones de cada una de sus áreas? Sin la fuerza de un propósito pueden surgir objetivos individuales contrapuestos o no existir una filosofía de trabajo que guíe las prioridades y las conductas. Las cosas suelen resultar mal si alguien no camina en la misma dirección y boicotea la labor de los demás.
Una aspiración superior aglutina voluntades, genera sentido de pertenencia y se convierte en una guía ante los dilemas, pues esta pregunta rige todo: ¿Cuál es la mejor decisión que debo tomar para contribuir al cumplimiento de nuestro propósito? Cuando una organización fracasa en alcanzar una meta teniendo todo el talento y el recurso para lograrlo, seguramente es porque algunos de sus miembros perdieron de vista la razón de ser y dieron rienda suelta a su apetito de poder, egocentrismo, notoriedad, revanchismo, complejo de superioridad o falta de humildad para colocar el propósito de todos por encima del propio. ¿Ha observado usted eso alguna vez? En casos así, la incompetencia interna hace más daño que la competencia externa.
Igualmente, a nivel personal, todos tenemos un propósito, una elevada aspiración que debe estar sobre los problemas cotidianos. A lo mejor cuando no reflexionamos en él, ni lo reforzamos, se nos pierde de vista y nos metemos en laberintos o preocupaciones de bajo rango. La disciplina para realizar ese propósito se acompaña de metas intermedias y visibles que nos indican si lo estamos concretando; es decir, si estamos avanzando en la dirección correcta.
La estrategia es apenas el “cómo” se logra, el “por qué” existe una empresa o un equipo. Eso sí, todo lo anterior supone que tanto el propósito como la estrategia se sustentan en valores compartidos, amalgama que explica la pasión colectiva por una visión.
Al concluir esta lectura reflexione sobre usted o su equipo: ¿Cuál es su propósito integral? ¿Cómo sabe que lo está cumpliendo (obras)? Y ¿qué reglas de oro ha definido para avanzar hacia esas realizaciones concretas? Luego, ¡a la acción, continúe!

German Retana
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