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Hoy que los partidos políticos se revisan internamente, sería bueno que analicen la fiesta que se hace con dinero público, así como la obligación que les corresponde de luchar por administraciones más justas, sin derroches, ni evasión fiscal igualmente inadmisible


La fiesta de los millones que estamos financiando

Demasiadas preguntas están sin respuesta aún en torno a graves problemas que, empujados por el interés de la prensa y de la ciudadanía, asoman a la superficie con su peligrosa carga. El caso de la convención colectiva de Japdeva es uno.
¿Qué jerarca firmó la primera convención con este sindicato, que dio pie a que continuara una situación a todas luces inaceptable, colocando a un grupo de trabajadores de Limón en un plano de privilegio con respecto a otros del resto del país?
¿Qué gobernantes y jerarcas pusieron al país en la actual situación en que tal parece que el Gobierno está atado de manos, pues no puede ni modificar, ni eliminar la convención y al mismo tiempo, está obligado a respetar los beneficios de dicho acuerdo? ¿Quién se responsabiliza por esos errores?
“Nosotros no podemos estar a favor de ningún cambio que afecte a los humildes trabajadores de Japdeva”, expresó Ronaldo Blear, de Sintrajap, a este medio.
Pero resulta que el rubro de salarios consume la mayoría del presupuesto de Japdeva, por una serie de ventajas y regalías inadmisibles en un país que se encuentra hoy endeudado en el exterior para poder hacerles frente a esos y otros desmedidos salarios de privilegio.
Los trabajadores de todo el país —no únicamente los de Japdeva— deben recibir un salario justo por el trabajo que realizan.
Pero cuando algunos reciben sueldos demasiado elevados con respecto a otros, nos preguntamos, ¿no son también humildes trabajadores de este país los policías que exponen a diario su vida, los maestros, los que mantienen limpias las calles, para citar solo algunos?
El problema que ocasiona la convención colectiva de Japdeva, es uno de tantos otros problemas semejantes en el sector público, que originaron Gobiernos anteriores sin importar que se convirtieran en una bola de nieve que crece y crece cada año sin que exista el dinero público necesario para hacerles frente.
El actual Gobierno, a menos que dispusiera de una varita mágica, no puede resolver de un momento a otro esa cadena de irresponsabilidades.
Una mala o equivocada administración no afecta solo a quienes la están viviendo, sino a los Gobiernos y habitantes futuros que tienen que hacerles frente luego a medidas tomadas no sabemos por cuáles razones.
En algunos casos es bastante claro que hubo clientelismo político, en otros quizás diferentes móviles. Pero todos con un denominador común: irresponsabilidad.
Hoy que los partidos políticos se revisan en su interior y anuncian voluntad de emprender caminos correctos para el país, sería bueno que analicen la fiesta que se hace con dinero público, así como la obligación que les corresponde de luchar por administraciones sin derroches, ni evasión fiscal igualmente inadmisible.

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