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Miércoles 5 Enero, 2011

La cortesía de dar las gracias

En abril de 2008 Janina del Vecchio fue nombrada Ministra de Gobernación, Policía y Seguridad Pública. Por segunda ocasión en la historia de Costa Rica ese estratégico cargo se le confiaba a una ciudadana. Al iniciar su gestión ella no tenía experiencia significativa en las difíciles tareas que asumía, lo que generó duras críticas a ella y al presidente Arias por haberla nombrado. Como en política y ante la opinión pública jamás hay una segunda oportunidad para dejar una buena primera impresión, el ambiente se crispó cuando en sus primeras declaraciones públicas, ella comentó una realidad que aún hoy es válida y cierta: la tasa de percepción de delitos en Costa Rica es mucho más alta y crece mucho más rápidamente, que la tasa efectiva de los mismos. Esas declaraciones aunque ciertas, fueron descontextualizadas y provocaron una tormenta de duras críticas y ataques de diversos sectores. Sin embargo, el tiempo ha mostrado que doña Janina hizo una gestión eficaz y con resultados positivos.
Durante los dos años en que ejerció sus responsabilidades como ministra, el número de homicidios dolosos bajó de 11,1 casos en 2008 a 10,4 casos por cada 100 mil habitantes en 2009, convirtiendo a Costa Rica en uno de los poquísimos países del mundo que lograban reducir este indicador. El presupuesto del Ministerio se duplicó y se incorporaron unos 4 mil policías adicionales al servicio. Algunas de las zonas más peligrosas como “El Hueco” en Limón y “Tierra Dominicana” en San José fueron intervenidas con una metodología novedosa: además de capturar y encarcelar a los cabecillas de los grupos delictivos y a sus secuaces, se desmantelaron sus guaridas, demoliendo incluso con tractores las edificaciones donde operaban y que la policía prácticamente había perdido. Por primera vez se definió una estrategia para incorporar tecnología digital como herramienta de apoyo y se licitó la compra e instalación del equipo necesario para monitorear unos 300 puntos críticos con cámaras digitales y otros dispositivos, así como para equipar centros de monitoreo capaces de facilitar la gestión preventiva, de inteligencia, la intervención policial y la toma de pruebas. Diversos profesionales y funcionarios públicos reconocieron también la ejemplar coordinación y cooperación entre el Ministerio de Seguridad y el Ministerio Público durante el periodo en que Doña Janina ejerció como ministra, así como el levantamiento de la mística y el espíritu de servicio de los miembros de la Fuerza Pública bajo su gestión.
Estos y otros aciertos resultaron de un liderazgo constructivo, del estudio y análisis de la realidad y las posibilidades, así como del uso creativo de instrumentos de política pública. Fueron posibles gracias al trabajo en equipo, a valorar la experiencia y capacidad del personal del Ministerio, al trato humano y dignificante que doña Janina con su ejemplo transmitió a las y los policías, desde los destacados en los puestos más humildes hasta los equipos “elite” y su personal de apoyo operativo y administrativo.
El cargo de Ministro de Seguridad es la segunda posición más retadora y compleja en la administración pública solo después de la Presidencia de la República y su ejercicio requiere valor, determinación, así como enormes sacrificios y riesgos. Creo interpretar en este breve escrito el sentir de una mayoría de ciudadanos y ciudadanas que reconocemos que aún el país no ha agradecido a doña Janina por su aporte y exitosa gestión. Decirle gracias es más que una cortesía: es una obligación.

Alexander Mora Delgado
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