Gaetano Pandolfo

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Lunes 3 Abril, 2017

La mancuerna Watson-Wanchope ha sido vital en el Saprissa

Lo que ha hecho Carlos Watson en el Saprissa es impresionante. Si sus discípulos lo llaman “Maestro” en esta temporada específica se ha ganado con creces esa credencial.
El mercado laboral le rompió el equipo y de la formación campeona se fueron piezas claves de la zona defensiva como Adolfo Machado, Roy Miller, Francisco Calvo y David Guzmán y además se lesionó Hanzell Araúz.
A mitad de camino se resquebraja la zona de artillería con la venta de Rolando Blackburn y el retiro de Alvaro Saborío. Sumen lesiones y expulsiones.
A pesar de tantos contratiempos, el Saprissa ya está en la cuadrangular y lidera varios de los departamentos de la clasificación.
Combinado con el talento innato de educador de don Carlos, se instaló en la gerencia del Deportivo Saprissa su sobrino, Paulo César Wanchope, con un ojo clínico espectacular para firmar jóvenes valores que rápidamente pudieran tapar los huecos de los que se fueron.
Por ejemplo: firmar a Julio Cascante fue un tremendo acierto; ir moldeando el fútbol de Cristian Martínez como volante recuperador llevó su tiempo, no tan largo y hoy el exliberiano se luce en la cintura cumpliendo los roles de David Guzmán.
Ya no tanto por virtudes del estratega sino por las propias como jugador, el retorno a la estelaridad de Heiner Mora ha sido vital y este polifuncional jugador se ha convertido en una de las figuras más sólidas del monarca.
Otro que no es hechura de Watson es Fabrizzio Ronchetti, quien ha encajado perfectamente en el engranaje ofensivo del Monstruo.
Ronchetti, con mucha suerte, se ganó el cariño de la barra morada, al punto de que en el partido contra Herediano perdió ocasiones de gol clarísimas y sin embargo, cuando lo sustituyeros salió ovacionado por la clientela morada.
¿Cuánto se hubiera deseado Alvaro Saborío esta lealtad y muestra de apoyo de los fanáticos del campeón?
Pero, donde mejor se ve la mano del orfebre que dirige al Saprissa, es en el cambio de juego de Jordan Smith, un futbolista al que Carlos Watson transformó radicalmente de un partido al otro.
Después de ser silbado, abucheado y rechazado por ese monstruo anónimo de mil cabezas que es la enardecida fanaticada, hoy, el “nuevo Jordan” es aplaudido, aceptado, vitoreado por los mismos que lo rechazaron pocos días atrás.
Y, esto es precisamente lo que hace un Maestro.