Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 10 Mayo, 2008

ELOGIOS
La hambruna

Leopoldo Barrionuevo

Escribir acerca de la expansión china no es difícil, el problema es aceptar su magnitud. Ya va para seis años que asesoro la industria del calzado guatemalteca en la figura de Calzado Roy, una empresa que sin ser gigantesca representa todos los sectores de la industria con plantas de calzado, tiendas a nivel nacional, tenería y fábrica de suelas. Fui llamado a finales de 2002, cuando la producción china afectaba seriamente la producción nacional en cada uno de nuestros países.
Fue evidente aquello de “Si no puedes con tu enemigo, únete a él” y todos acabamos por importar calzado asiático tras interminables viajes a los centros de producción de China continental. Fue solo el principio, mientras algunos insistían en que pronto el mercado volvería a exigir calidad y no se equivocaron sino en las cantidades porque el “commodity” (lo bueno, bonito y barato) había llegado no solo para quedarse sino para extenderse a todos los sectores con base en precio.
China encabeza la exportación mundial con poco menos de 8 mil millones de pares y junto con la producción para el mercado interno debe estar en más de dos pares por habitante del mundo por año, mientras su participación en el mercado mundial asciende a poco menos del 85%, superándose el 90% al adicionar las exportaciones del segundo productor, Hong Kong al que le siguen Brasil, Bélgica y Rumanía, sin embargo mucho calzado de otros países se ensambla o maquila también en China, como parte del calzado italiano.
¿Y cuál es el precio de este insólito auge? La inflación generada por la compra exagerada de materias primas y alimentos, es decir, los aumentos inéditos en el precio del trigo, el maíz, el petróleo, el acero y el de la soya que está volcando por ejemplo la producción argentina porque los agricultores se inclinan por el producto rentable que exige un menor esfuerzo, mientras la ganadería va siendo descuidada porque los productores se inclinan por el producto fácil y rentable como la soya que exige menos esfuerzo e inversión. ¿Y por qué no decir que la ambición de ponerse al día con las ganancias ha llevado a los agricultores en la huelga rural a dejar pudrir los alimentos en la carretera, como si en Argentina ya hubieran desaparecido la pobreza y el hambre.
El resultado: disminuyen los pobres y aumenta la clase media en China e India, en proporciones desacostumbradas: 500 millones que ingresan al consumo de tres comidas al día, lo que no es poco para dos países que representan, sumados, el 40% de la población mundial. Pero América Latina no progresa y sigue alejada de la inversión extranjera que, por el contrario, se ha volcado a China en cifras que antes no alcanzaba todo Latinoamérica: $80 mil millones anuales.
El empeño de China e India, es decir de casi la mitad de la población mundial por alcanzar una sólida clase media que desplace la pobreza, genera una inflación mundial en materia prima y productos básicos que nos amenaza a todos, a la vez que nos empeñamos en seducir a los chinos para que nos compren y flirteamos con ellos más allá de si nos obsequian un estadio, porque ya se sabe que “a estadio regalado no se le mira la tribuna de sol”.
Mientras tanto, con el TLC casi estábamos “a puñalada por bollo de pan” para asegurar o no el predominio de Estados Unidos en nuestros menguados intercambios económicos, ahora está claro que no había solo un cliente para negociar, pese a que al señor Bush le valía poco y nada el destino de nuestros pueblos, empeñado como estaba (y está) el partido republicano en seguir con la farsa de la guerra de Irak.
De todos modos venderle a Estados Unidos no parece ser ninguna ganga: al precio de remate que está llegando el dólar, nos van a inundar a todos de mercancía barata y regresar el turismo gringo, de tal modo que viajar a USA va a resultar facilongo pero venderles no: les vamos a tener que comprar.

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