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Los clientes deben tener muy claro al momento de iniciar el uso de sus tarjetas, cuáles montos y en cuáles y cuántas circunstancias el banco les cobrará por esos servicios, para que puedan tomar decisiones

Información para tomar decisiones

En los últimos años han crecido los porcentajes de los ingresos que cobran los bancos por los servicios que prestan a sus usuarios, en especial por el uso de tarjetas de débito y crédito. Nos informa este medio hoy sobre este crecimiento y las críticas que el hecho ha suscitado por parte de muchos clientes.
Estos sienten, en algunos casos, que existe un abuso por parte de las entidades bancarias y estas por su parte razonan que por el contrario, los cobros son justos puesto que se trata de un servicio, como cualquier otro, por el cual la gente debe pagar.
Es evidente que el país se encuentra en un periodo de ajuste para este tipo de servicios y que, probablemente, sea la libre competencia del mercado la que en muchos casos determine al fin cuáles montos son razonables por los servicios prestados.
El problema radica en que, para que esto funcione, los clientes deben tener muy claro al momento de iniciar el uso de sus tarjetas, cuáles montos y en cuáles y cuántas circunstancias el banco les cobrará por esos servicios, para que puedan tomar decisiones.
No es válido para esto que los clientes se enteren posteriormente, por medio de estados de cuenta, de los pagos que tuvieron que efectuar para hacer uso de los servicios. Esta información deben proporcionarla los bancos a cada persona al momento mismo en que tramita una tarjeta, de forma clara y aunque esta no la solicite.
Así mismo, cualquier cambio posterior en esas reglas debe ser debidamente informado a los clientes con anterioridad a su vigencia. Esta es la única forma en que los usuarios pueden ejercer su derecho de elección, como consumidores de un producto.
En este sentido, el prestigio de un banco debería ir acompañado siempre con la correspondiente responsabilidad de informar oportuna y correctamente a sus clientes y dicha información o publicidad no deberá nunca ser confusa o engañosa.
De la misma forma en que se exige a otros productos brindar información clara a los usuarios sobre sus bondades, condiciones y su precio, en lugar visible para su valoración antes de ser adquiridos, los productos de los servicios bancarios deben cumplir con esta norma.
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