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Independencia o impuestos

Federico Malavassi | Jueves 22 septiembre, 2016


La Administración del Estado no se la puede pasar clamando por más impuestos ni herramientas de exacción, en tanto luce una pésima gestión, ineficiencia generalizada y gasto desenfrenado

Independencia o impuestos

Me siento obligado a insistir en el asunto. Resulta paradójico que el mensaje presidencial de la Independencia sea una mezcla de demagogia e impuestos.

La Independencia implica no solo soberanía sino apetito de libertad. En muchas historias nacionales queda claro que se llegó a la independencia precisamente por el abuso impositivo y por lo que ello implica en la vida de las personas.
Igualmente en el tema de las revoluciones nacionales, razón por la cual se depositó en el parlamento la posibilidad de establecer impuestos.
La historia, del mismo modo, da cuenta de la demagogia con que se utiliza el tema impositivo y de por qué el principio de que los impuestos ha de ser general. No se trata de un grupo que utiliza el instrumento para sacarle plata a otro grupo. Ello atenta contra la igualdad y constituye una desviación de la razón de ser del Estado.
Por eso es necesario contestar a la insistencia monotemática de algunos de los últimos gobernantes con el tema impositivo y no cohonestar su angurria fiscal o su manía impositiva.
La Independencia es para un Estado que ha recibido su soberanía de la nación, de sus ciudadanos. A ellos se debe este Estado, por eso es Estado de Derecho o República. De manera que la Independencia es para beneficio de sus ciudadanos.
Ciertamente, algunos estudiosos del Estado insisten en que el Estado de Derecho ahora podría denominarse Estado Social de Derecho. Incluso, algunos añaden Estado Social Ecológico de Derecho. No obstante, la definición central es un Estado en el cual el elemento central es el pueblo. Los demás elementos están supeditados al pueblo.
Los acentos que se le pueden dar al Estado de Derecho no pueden neutralizar o borrar la cuestión central. De manera que la Administración del Estado no se la puede pasar clamando por más impuestos ni herramientas de exacción, en tanto luce una pésima gestión, ineficiencia generalizada y gasto desenfrenado.
Todo ello está mal, pero todavía empeora si en lugar de razonarse adecuadamente se acompaña con “regalitos” institucionales semicondicionados a que hay que sacarles más plata a ciertos sectores.
Porque queda claro que, además de darle vuelta al rótulo, la jerarquía de la Administración suma demagogia barata al asunto, justificando la mala administración en los demás “regalitos” que podría hacer.
Coincidencia de coincidencia, pues mientras pensaba en los desatinos del mensaje pro impuestos y su comparsa durante la Independencia, el evangelio del domingo nos traía el tema del administrador infiel, aquel que para quedar bien festinó los derechos de su patrón y así quedó bien colocado para el futuro. Entonces entendí el clamor de los impuestos, acompañado de regalitos.


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