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Jueves 8 Mayo, 2014

Si hoy son seis de cada diez los que “hacen que trabajan”, en su empresa: mañana podrían estar diez de diez haciendo lo mismo. Mañana: podría ser una epidemia


Hacer que trabajo

El lunes estaba leyendo un artículo de un diario peruano en el que revelaban que el 60% de los empleados hace como que trabaja; esto según una encuesta realizada por Randstad, una compañía de recursos humanos y recogida por CNNExpansión.
Me quedé pensando en el escenario y las implicaciones, más que en la estadística misma:
1. Hay quienes se quedan más tiempo en la oficina para que lo vean sus jefes, pero sin mejorar productividad.
2. No faltan quienes se colocan de medio lado para que uno no los vea metidos en redes sociales… se ha comprobado que las redes sociales tienen una actividad mucho mayor en días laborales que durante los fines de semana.
3. Sobran quienes programan el software de envío de correos (llámese Outlook o el que utilicen en su empresa) y “mandan” un correo electrónico a las tres de la mañana, aunque estén durmiendo profundamente desde las siete de la noche.
“Que un trabajador esté sentado en la oficina, delante de su ordenador, no significa que esté trabajando”… Todos recibimos ocasionalmente llamadas personales en horas laborales, pero es muy desgastante enfrentarse a estas actitudes desmedidas de pérdida de tiempo laboral.
Para mí, igual que “la noche” se hizo para dormir (con claras excepciones cuando uno tiene que trabajar o atender situaciones especiales); las horas laborales se hicieron para trabajar.
En mi experiencia liderando equipos de trabajo, cuando veo a alguien salir tarde de la oficina lo que me cuestiono es si realmente tiene altas cargas de trabajo, si practica el “presentismo laboral” o si se trata de colaboradores de baja productividad.
Hasta cierta posición y razón de ser de cada puesto dentro de la estructura organizativa, el cumplimiento del horario contractual sí importa porque es una cuestión básica de atención de normas y porque es una herramienta que permite medir productividad.
Sin embargo, cumplir con un horario es la parte más fácil de “ganarse” el salario. No pretendo que mi equipo sacrifique su hora de almuerzo; pero sí espero de ellos, que no “inviertan” tiempo significativo por el que se les paga, en cuestiones que no competan a la empresa que les paga.
En la filosofía del “hacer que trabajo”, tienen tanta culpa quienes llevan esta actitud a su empleo, como sus jefaturas.
En un contexto como el actual en el que para el promedio de las empresas no resulta fácil aumentar el volumen de ingresos, quienes tenemos personal a cargo estamos en la obligación de optimizar los gastos para la búsqueda de la eficacia y la eficiencia en el desarrollo de las funciones empresariales propias, que van desde implementar alternativas como las 5S, a herramientas de productividad como six sigma, lean manufacturing, 8D, TOC (teoría de las restricciones –por su traducción al español), diagrama Ishikawa, poka yoke, KM(gestión del conocimiento) y hasta herramientas propias adaptadas o desarrolladas consistentemente con la idiosincrasia de cada empresa.
Si hoy son seis de cada diez los que “hacen que trabajan”, en su empresa: mañana podrían estar diez de diez haciendo lo mismo. Mañana: podría ser una epidemia.

Alejandra Esquivel

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