Carlos Denton

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Miércoles 16 Enero, 2008

Guatemala, ¿se integrarán los indígenas?

Carlos Denton

El lunes se juramentó Alvaro Colom como presidente de Guatemala, un país de 13 millones de habitantes, donde 5 millones son indígenas que residen en el altiplano, y también en Petén, sede de ruinas impresionantes de los mayas. Estos ciudadanos hablan cachiquel, mam y quiché, idiomas de sus antecesores, y se estima que uno de cada cuatro no habla español del todo.
Los indígenas han sido ignorados o vistos como seres inferiores por los “castellanos” que residen en la capital y otras partes de la nación, y por mucho tiempo existió una especie de apartheid,” algo que Colom, que es blanco, está comprometido a erradicar. Ganó su campaña con el apoyo de ellos —los departamentos con presencia fuerte de población indígena fueron los que dieron el gane al ahora presidente, mientras que perdió por más de 100 mil votos en la capital—. Colom habla fluidamente el quiché y su promesa principal de campaña era mejorar la situación económica de su país.
Sería un gran logro si se pudieran integrar los indígenas, por lo menos a la economía nacional guatemalteca. Durante la época colonial, y por muchos años después, estos vivían como siervos en las haciendas de los blancos, a la orden del “patroncito” que los empleaba para cultivar sus tierras y que daba poco a cambio por esos servicios. Ahora, muchos siguen laborando en lo que es la agricultura de subsistencia en niveles de pobreza típicos de ese estilo de vida. Los hijos no reciben educación adecuada y, como resultado, sus talentos quedan sin desarrollarse y toda la economía pierde.
La administración presidencial de Colom, un socialdemócrata, no será nada fácil. No tiene mayoría en la Asamblea Legislativa, las fuerzas armadas apoyaron a su adversario en la pasada contienda electoral, y los grandes empresarios nacionales ven a esta relación con los indígenas como un especie de sueño irrealista de izquierda. Los dueños de los medios de comunicación principales apoyaron a otros (en Guatemala hay poco intento de neutralidad política en prensa escrita y televisada) y la administración de George Bush no puede ver con felicidad la determinación de Colom de acercarse más con países como Venezuela y sus aliados diversos.
Por supuesto, como empresario originalmente de la industria de textiles, apoya el TLC con Estados Unidos, y no hará nada para cambiar esa relación. Pero en otros foros y en otras situaciones de diplomacia, no estará tan sólidamente al lado de Bush como ha sido el caso con el ex presidente Oscar Berger.
Aparte de su promesa principal de mejoría económica, el reto más grande que tendrá Colom es el de la inseguridad que se vive, por lo menos en parte provocada por el deterioro institucional en lo que son las fuerzas policiales y el sistema judicial. El sistema judicial no depende del Presidente, pero la policía sí, y se requiere un cuerpo nuevo de “Intocables” que imponga orden en esa institución, purgando los malos y fortaleciendo prácticas que dan más seguridad al pueblo, que vive atemorizado a un nivel aún desconocido en el resto de Centroamérica.
Tendrá que moverse rápidamente y con agilidad frente a los retos, y como primer paso tendrá que demostrar tangiblemente que reconoce a los indígenas y el apoyo que le dieron en la campaña. Estos son su base, y no los puede perder.

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