Google escamotea libre expresión para conservar poder mundial
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Google escamotea libre expresión para conservar poder mundial


California -- Cuando Tailandia bloqueó la página web YouTube de Google Inc. el año pasado, la compañía envió a su abogada general adjunta Nicole Wong a que ayudara a restaurar el acceso al cibersitio. En Bangkok, Wong se asombró al ver un mar de camisas amarillas.
Era un lunes, día en que los tailandeses visten de amarillo en homenaje al rey Bhumibol Adulyadej. Wong dice que viendo tal reverencia, comprendió por qué las autoridades habían reaccionado tan fuertemente a un video en que el rostro de Bhumibol aparecía cubierto de grafiti, imagen contraria a una ley que prohíbe insultar al octogenario monarca. Google accedió a bloquear el clip en Tailandia al tiempo que lo seguía poniendo a disposición de los internautas en los demás países, y YouTube volvió a verse en las computadoras de los tailandeses.

Bienvenidos a los choques culturales que Google y otras compañías de Internet estadounidenses están navegando de Tailandia a Turquía y de China a Pakistán. La dueña de los sitios de búsquedas y video más populares del mundo está aprendiendo a vivir con países que “no comparten los mismos criterios” en cuanto a la Red, dice Wong, de 39 años, en una entrevista en la jefatura de Google en Mountain View, estado de California. Dichos Gobiernos prohíben los productos objetables porque “no saben de qué otra manera controlarlos”.
La diplomacia empresarial de la superpotencia de Internet está sentando normas, de repercusiones potencialmente vastas, para mantener el contenido informático, y la renta publicitaria, fluyendo a través de las fronteras. Los embajadores de Google, una serie de cabilderos y abogados, están recorriendo el mundo para sopesar qué tolerarán los Gobiernos en materia de contenido, y han demostrado estar dispuestos a poner cortapisas a la libertad de expresión, uno de los principios venerados de los Estados Unidos de América.
“La noción de que compañías registradas en Estados Unidos hagan cosas en otros países que jamás soñarían hacer en Estados Unidos, es inquietante, obviamente”, dice John Palfrey, director ejecutivo del Berkman Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard. “Pienso, sin embargo, que esta es la realidad de hacer negocios en un entorno multinacional, unido por una red tecnológica común, que es Internet”.
China, con un número calculado de 230 millones de internautas, ha sido el eje de la controversia sobre la libertad en la Red, especialmente desde que Yahoo! Inc., rival de Google, entregó cibermensajes y otros tipos de información al Gobierno chino en el 2006, lo que condujo al encarcelamiento del periodista Shi Tao y el escritor Wang Xiaoning.
“Mientras que tecnológica y económicamente ustedes son gigantes, moralmente son unos pigmeos”, dijo Tom Lantos, entonces presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, a directivos de Yahoo, entre ellos el fundador y jefe ejecutivo Jerry Yang, durante una audiencia en el 2007.
Yahoo, con sede en Sunnyvale, estado de California, pidió disculpas, dio apoyo económico a las familias de los prisioneros y pidió a Estados Unidos que intercediera con China a favor de ellos.
En respuesta al fiasco de Yahoo, Google decidió no ofrecer Gmail, su popular servicio de correo electrónico, en China, para evitar las reclamaciones del Gobierno en materia de mensajes. Para evitar alteraciones de sus actividades en China, la compañía mantiene contactos periódicos con las autoridades mediante la oficina de Google en Pekín.
Hay quienes juzgan esos vínculos como demasiado estrechos. Hace dos años, Google creó una versión de su motor de búsqueda - -Google.cn-- que produce contenido aprobado por el Gobierno chino cuando los cibernautas dentro de China buscan lo que sea en cuanto al Tíbet, Taiwán o la plaza Tiananmen.
“Aunque Google y otras compañías presentan ahora un aviso que notifica a los usuarios cuando hay censura, siguen decidiendo qué censurar y si acaso siquiera cuestionarán las medidas del Gobierno”, dijo Arvind Ganesan de la agrupación Human Rights Watch, ante una comisión del Senado de Estados Unidos el 20 de mayo.
Robert Boorstin, ex periodista del New York Times que formula la estrategia de comunicaciones de Google desde Washington, dice que a la compañía se le “dio la opción de abrir una biblioteca pública en forma de Google.cn” o verse expulsada del país.
“Sabíamos que los usuarios del servicio chino de Google no podrían ver una pequeña e importante parte de la biblioteca”, dice. “Pero la alternativa era que no hubiera ficheros de biblioteca para nadie”.
Los clientes en China y otros países están cobrando cada vez mayor importancia para las compañías estadounidenses de Internet: un 48% del importe de ventas de Google provino de fuera de Estados Unidos el año pasado, en comparación a un 39% en el 2005.

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