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Cómo medir el éxito personal

La planificación es un componente esencial de la labor directiva. En su nivel más básico, una estrategia es decir aquello que queremos hacer y definir cómo vamos a lograrlo.
Al igual que en las empresas, también tiene sentido la planificación de nuestro propio éxito personal. En su más reciente libro, el famoso profesor de Harvard Clayton Christensen, aborda el tema sobre cómo medimos nuestra vida.
Nos plantea tres preguntas sencillas de estrategia personal: ¿cómo ser exitoso y feliz en mi carrera? ¿Cómo lograr que las relaciones con las personas que me rodean sean una fuente constante de felicidad? ¿Cómo ser una persona íntegra y no ir a dar a la cárcel? Son cuestionamientos simples a primera vista, pero son preguntas que muchos no se hacen, o que olvidan a lo largo del camino.
El punto de partida de la discusión es un asunto de prioridades. Lo que nos hace más felices no es necesariamente aquello en lo que solemos invertir más recursos de talento, tiempo y dinero. Peor aún, nos damos cuenta muy tarde de la distancia entre nuestra felicidad y la localización que hacemos de nuestras energías.
La única manera de que una estrategia se cumpla es invertir recursos en ella. No bastan las buenas intenciones. No queremos lo que decimos, si no invertimos tiempo, talento y dinero en aquello que hemos puesto como fin de nuestra intención.
La primera gran trampa es invertir los recursos en aquello que los exige con más fuerza, e invertir el talento en lo que ofrece recompensa más rápidamente. Es una forma peligrosa de construir una estrategia, y muchas veces una forma de equivocarse.
Frederick Herzberg, famoso profesor de negocios de la universidad de Utah, advierte que confundimos a veces aquello que nos motiva —que nos hace querer en el sentido interior y profundo— con aquello que nos mueve. Un empujón o una amenaza nos mueven, pero no nos motivan. El dinero, la posición social, la seguridad, son aspectos higiénicos de nuestra vida, que pueden causar insatisfacción, pero que no son un verdadero motivante. Solo nos mueven.
Aquello que verdaderamente nos motiva va mucho más al interior de la persona: reconocimiento, responsabilidad, crecimiento personal. De hecho, encontramos muchas personas talentosas que son muy exitosas y felices dedicando sus vidas a empresas sin fines de lucro.
El dinero no es causa de infelicidad en sí. Pero proponerse los aspectos higiénicos como prioridad y motivación de vida es un error de estrategia en la búsqueda del verdadero éxito personal.

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ESDE School of Management
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