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Jueves 29 Enero, 2015

Francia solidaria hacia el futuro

Los dramas y las adversidades pueden tener dos consecuencias en los pueblos: ya sea derrotarlos, humillarlos, someterlos; o por el contrario despertarlos, elevarlos, llevarlos a lo más alto de lo que es su mensaje.
Es verdad para Francia que ha sido capaz en estos últimos días de reunirse.
No en un reflejo de miedo, sino en un movimiento de solidaridad, unidad y confianza en sus valores.
Es verdad también para el mundo árabe que vive horas difíciles, sombrías, y que al mismo tiempo es capaz también de ponerse en movimiento para hacer que sus fuerzas —y son numerosas, económicas, políticas, culturales— puedan derrotar a otras fuerzas que quieren dividir, alejar, separar.
¿Cómo hacer para que crezca, prospere todo lo que une Europa y el mundo árabe?
Debemos, para lograrlo, que todo esté claro entre nosotros, que seamos lúcidos.
El islamismo radical se ha alimentado de todas las contradicciones, de todas las influencias, de todas las miserias, de todas las desigualdades, de todos los conflictos no solucionados desde hace demasiado tiempo.
Y son los musulmanes las primeras víctimas del fanatismo, del fundamentalismo y de la intolerancia.
Debemos recordar, y siempre lo hago a donde quiera que voy en el mundo árabe, que el islam es compatible con la democracia, que debemos rechazar las amalgamas y las confusiones en Francia.
Los franceses de confesión musulmana tienen los mismos derechos, las mismas obligaciones que todos los ciudadanos.
Estos derechos deben protegerse.
La laicidad ayuda a ello pues respeta todas las religiones.
La escuela de la República es también un lugar de luz y por ende de conocimientos, de saber.
La historia se enseña ahí, es decir la historia de las religiones, para saber de dónde venimos y lo que estas religiones llevan en sí como esperanza común.
Pero también la necesidad de hacer que cada niño que se convierte en adulto pueda forjar su conciencia y convertirse en un ciudadano libre: este es el sentido de la escuela de la República.
Debemos también hacer que se comprenda que el orden republicano debe ejercerse con firmeza ante los que atacan los lugares de culto, a todos los lugares de culto, sinagoga, mezquita, iglesia y que debemos perseguir en justicia todos los actos que ponen en tela de juicio una religión.
Tanto los actos antimusulmanes como el antisemitismo deben denunciarse y castigarse severamente.
He querido que el antisemitismo y el racismo puedan combatirse con firmeza, con exigencia, y que esta lucha se erija en gran causa nacional.
Lo hago porque es mi deber de Jefe del Estado, lo hago porque es también una gran obligación para Francia que debe mostrar el ejemplo.
Francia está comprometida con un ideal de libertad, de vida en común, de unidad. Francia quiere ser siempre una referencia o un ejemplo. Por ello nada debe tolerarse.
Francia se formó, se constituyó a través de diversos movimientos de poblaciones, flujos de inmigración.
Francia se constituyó con la diversidad.
Un gran número de mis compatriotas tienen relaciones profundas con el mundo árabe: ellos vienen de África Septentrional, del Cercano Oriente: pueden ser musulmanes, judíos, cristianos; pueden ser creyentes o no, pero tienen un vínculo con el mundo árabe y han contribuido, generación tras generación, a la historia de Francia.
Los conflictos que pueden existir, que existen a veces durante muchísimo tiempo en el Cercano y en el Medio Oriente, no tienen su lugar aquí.
No pueden importarse.
Por ello Francia tiene la iniciativa de solucionarlos y asumir sus responsabilidades llegado el caso.
Los lazos que hemos podido constituir entre Francia y el Oriente Medio, África, el Magreb, hacen que seamos solidarios, que los retos de seguridad, de prosperidad, y de libertad nos conciernan a todos.

Discurso de François Hollande, presidente de la República Francesa, al Instituto del Mundo Árabe