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¿Flexibilidad laboral como opción para salvar el empleo?


En estos días, como desde hace algunos meses, el tema de la crisis económica financiera global es motivo de conversación y de preocupaciones. Para la mayoría de las personas es un concepto abstracto, similar al cuento del coco cuando éramos niños, ya que es una situación compleja para comprenderla a cabalidad.
Sin embargo, a diferencia del cuento de niños, su efecto es real y sensible para la población en general. El flagelo del desempleo se vive a diario según estadísticas del Observatorio de la Coyuntura de la Universidad Nacional.
Solo entre finales de 2008 y principios de 2009 se han perdido 1.900 empleos en el sector privado. De igual forma, según cifras oficiales en el primer trimestre de 2009 se han perdido 1.200 empleos en el sector privado, lo que confirma que el jinete del desempleo cabalga por el mundo, una consecuencia de la crisis económica financiera actual.
El mundo se debate entonces entre la causa (la crisis) y su efecto (el desempleo), el más alarmante desde la crisis de los años 30 del siglo pasado. Los gobiernos buscan soluciones a los millones de personas que están desempleadas y cuyas familias cada día luchan con dificultad para cubrir sus necesidades básicas.
En los próximos meses, si no se generan resultados positivos de los planes de salvamento nacionales como el Plan Escudo y otras propuestas sectoriales; así como las iniciativas internacionales para contrarrestar la crisis (la causa), el mundo se sumirá en un época de desempleo jamás vista, según lo estimado por la Organización Internacional del Trabajo.
Por ello, una de las preguntas relevantes sería, ¿es la flexibilidad laboral una opción para salvar el empleo? Debemos confiarle al mercado (empleador y empleado) la solución del problema, mediante una disminución en los salarios, será el costo de oportunidad (como decimos los economistas) que debemos pagar para detener el desempleo y evitar que muchas familias costarricenses pasen hambre y congojas económicas.
Es contradictoria esta posición, porque una de las lecciones de la causa es que los mercados por sí solos son miopes.
Por eso, delegarle la generación de empleo de calidad, aquel que permite que las familias vivan dignamente, nos parece adversa en las estrategias de desarrollo en Costa Rica al plantear o utilizar el argumento de la crisis económica para impulsar una idea de flexibilidad laboral que se ha querido aprobar desde inicios de la década de 1990 en nuestro país.

MSc. Carlos Arguedas Campos
Economista

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