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Exótico culebrón al estilo clásico

• Edward Norton y Naomi Watts se lucen, en la esmerada adaptación de una novela romántica de los años 20

Al otro lado del mundo
(The Painted Veil)
Dirección: John Curran. Reparto: Naomi Watts, Edward Norton, Liev Schreiber, Diana Rigg. Duración: 2.05. Origen: China-EE.UU. 2006. Calificación: 7.

El novelista británico William Somerset Maugham (1874-1965) escribió “El velo pintado” en 1925. Allí retomó algunos de los temas recurrentes en su obra: romance, infidelidad, desamor y pasión; y el ocaso de la época colonial como telón de fondo. El libro fue llevado al cine en varias oportunidades: primero en 1934, con las actuaciones estelares de Greta Garbo y Herbert Marshall; luego en 1957, bajo el título de “El sétimo pecado”, con Eleanor Parker y Bill Travers.
“Al otro lado del mundo” es la tercera adaptación cinematográfica del mismo texto. Es un exótico culebrón que pretende recrear la atmósfera de los melodramas tradicionales, aquellos que hicieron grande la industria de Hollywood. Logra su intención, gracias a una esmerada presentación formal y actuaciones impecables. Los intérpretes Edward Norton y Naomi Watts impulsaron este lujoso refrito, en calidad de coproductores. Ambos se lucen, ofreciendo desempeños histriónicos sutilmente comedidos, ideales para retratar a individuos acostumbrados a reprimir sus propios sentimientos.
En la Inglaterra de 1918, la bella Kitty se casa con el médico bacteriólogo Walter Fane. Lo hace sin amarlo, más que nada para escaparse de su aburrido entorno familiar. El matrimonio viaja a China, donde Kitty inicia una relación clandestina con un apuesto diplomático. Al descubrir el adulterio, Fane obliga a su esposa a acompañarlo hasta una remota aldea, azotada por una epidemia del cólera. En medio de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, Walter y Kitty aprenden a conocerse y respetarse mutuamente.
El director de origen australiano John Curran relata una intensa historia romántica con frialdad académica. Utiliza un estilo clásico, con planos simples y funcionales, un ritmo pausado y movimientos de cámara elegantes. Aprovecha todo el apoyo de colaboradores invaluables como el director de fotografía Stuart Dryburgh (“El piano”, 1993), quien aporta su gusto exquisito por la composición de los encuadres y los detalles expresivos de iluminación.
Otra contribución importante es la sugestiva musicalización del maestro francés Alexandre Desplat. A lo anterior se suma un fino diseño de vestuario y la belleza de los escenarios naturales, pues el rodaje se llevó a cabo en territorio chino. No obstante, en esta búsqueda de perfección estética, algo se perdió.
Los autores mantienen mucha distancia con respecto al material. Así, evitan los excesos melodramáticos y las caídas en el patetismo; pero a la vez, no logran despertar aquellas emociones sobrecogedoras que la trama supone.
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