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Exceso de conciertos aprietan la billetera
Productores señalan que es necesario impulsar una ley que regule a las compañías de eventos para no saturar el mercado

Al aguacero de conciertos que está cayendo sobre el país y que se augura aumentará, es refrescante para los amantes de la música, pero también se está convirtiendo en una bomba de tiempo a nivel económico.
En los últimos cuatro meses, los ticos han disfrutado cerca de 18 conciertos “grandes” de música romántica, salsa, reguetón, flamenco y hasta rock pop, lo que confirma que el suelo nacional tiene una buena imagen ante los productores y artistas.
Pero eso es solo el inicio de la fiesta, ya que para lo que resta de 2011 ya está confirmada la llegada de otros diez artistas como Slayer, Judas Priest, Marc Anthony, Alejandro Fernández, Franco de Vita y Fito Páez, entre otros.
Lo positivo: muchos exponentes están visitando el país por primera vez, tal como ocurrió con Miley Cyrus; sin embargo, el bolsillo de muchos costarricenses no está preparado para asumir el pago de las entradas para tantos conciertos, por lo que es muy difícil colgar el letrero de agotado en todas las presentaciones.
Cuatro productores consultados por MAGAZINE coincidieron en que este fenómeno es una realidad y se está dando debido a que se están haciendo los conciertos con pocos días de diferencia.
Y no ha importado el hecho de que son de géneros diferentes y que van dirigidos a públicos de diversas edades, ya que en muchos casos se da el “cruce” de que los padres compran sus entradas para sus veladas y a la vez las de sus hijos para sus shows.
“El bolsillo de los ticos no está preparado. El problema de ahora es una repetición de lo que ocurrió en octubre del año pasado, cuando hubo 34 conciertos en unos 40 días y todos fracasaron. Y fueron conciertos grandes que separados hubieran sido un llenazo, como Jonas Brothers, Green day o Bon Jovi”, afirmó Don Stockwell, de la productora Tropix II.
Un criterio similar externó Andrés Navarrete, presidente de la productora panameña Addictive Productions, quien dijo que la cartelera variada de shows le da la opción a la gente de elegir, pero que “definitivamente sí se afectan algunos eventos y hay que encontrar la forma de que puedan asistir a varios sin tener que escoger por presupuesto”.
Si nos referimos a los números, solo en los conciertos románticos que se hicieron hasta mayo, la entrada más barata costó entre ¢12 mil y ¢24.800, mientras que la más cara rondó entre los ¢41 mil y ¢73.500.
Un ejemplo claro de que el “bolsillo” no da para tanto, es el concierto que tenía programado en el país el grupo Aterciopelados, el cual fue cancelado por las ventas bajas de entradas.
Un caso similar es el del mexicano José José, cuya cita fue reprogramada para agosto, ya que su fecha chocaba con el recital de Miley Cyrus.
Incluso el propio encuentro de la ex Hannah Montana se vio afectado, ya que dejó resultados económicos “aceptables”, pero “no los que tenía proyectada la producción”, reconoció Juan Carlos Campos, socio-director de la empresa One y representante de la panameña Show Pro en el país, quienes se encargaron de esa cita.
Para los productores la llegada de tantos artistas se debe principalmente a dos factores: la buena imagen que tiene el territorio nacional y al arribo de más empresas productoras.
Además aseguran que no pueden negociar entre sí para controlar, ya que el mercado es “muy competitivo” y dependen “totalmente” de las fechas que tienen disponibles los artistas.
La única solución para no saturar es que en el país se impulse una legislación para controlar a las productoras ya existentes y las que quieran ingresar.
“Es una problemática para todos. Como en cualquier negocio, el exceso de oferta genera una baja en la demanda; Costa Rica debe contar con una regulación como la que tienen los países de primer mundo, para evitar este tipo de situaciones”, comentó Juan Carlos Campos.
Por su parte, Stockwell adujo que “hace falta licenciar a los productores, así se evita que otra persona sin experiencia se meta en el mercado y cause situaciones como la cancelación que afecta la imagen del país. Por ejemplo en Puerto Rico y Estados Unidos les exigen a las empresas demostrar que tienen solvencia económica, estar al día con los impuestos y tener pólizas para proteger al consumidor, aquí no”.
Mientras que José Cañas, vocero de Evenpro, explicó que el país tiene la Ley de Espectáculos Públicos pero “no sirve”, y que lo que hace falta “es una legislación firme que incluya a todas las instituciones que piden porcentajes de las taquillas de los conciertos, y que regule a las productoras”.
Para hacer un concierto en el país en la actualidad, a los empresarios les solicitan cumplir con permisos del Ministerio de Salud, la Municipalidad correspondiente y planes de emergencia y control de residuos, entre otros.

Carolina Barrantes
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