Evoluciona base de votantes demócratas y republicanos
Las conexiones de Hillary Clinton con los grandes bancos de Nueva York, han sido duramente criticadas por algunos votantes, que esperan de la candidata demócrata una mayor cercanía con los trabajadores norteamericanos. Bloomberg/La República
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 La composición de clase de los partidos republicano y demócrata de Estados Unidos sigue evolucionando.

Los demócratas vienen perdiendo votantes blancos de clase trabajadora desde hace décadas, mientras que el Partido Republicano, que durante mucho tiempo fue el partido de los gerentes, los emprendedores y los ricos por herencia, adquirió una nueva afinidad por los obreros demócratas, con un candidato a presidente que promete mantener en funcionamiento operaciones carboníferas económicamente inviables y aplastar la competencia laboral de inmigrantes poco calificados.
El mes pasado, un informe del Pew Research Center explicó en detalle el cambio.
“Desde 1992, la proporción de votantes registrados demócratas o que tendían a votar a ese partido con al menos un título universitario aumentó abruptamente, del 21% al 37%. Entre los republicanos, el 31% tiene al menos un título universitario, un alza pequeña frente al 28% de 1992. En consecuencia, ahora una mayor proporción de demócratas que de republicanos cuenta con un título universitario o un mayor nivel de instrucción”.
La semana pasada, el erudito en política Thomas Edsall describió este proceso en el New York Times como el “gran cambio demócrata”.
“Lo que sugieren estas cifras es que la elección de 2016 representará un cambio total del orden creado por el New Deal entre los votantes blancos. Desde la década de 1930 hasta comienzos de los años 90, la mayoría de los blancos de menos recursos votaron por los demócratas y los de más recursos, por los republicanos. Ahora, analizando los totales de votos combinados de hombres y mujeres, es verdad lo contrario”.
El Partido Demócrata se está alejando de su pasado de clase trabajadora y populista, y los resultados inquietan comprensiblemente a algunos liberales e izquierdistas.
Pero como mera cuestión de votación, los no blancos de clase obrera, que aguantaron décadas de hostilidad disimulada del Partido Republicano, ahora enfrentan la antipatía manifiesta de los republicanos trumpificados.
El miedo a los republicanos hostiles no es la única parte de la ecuación. Muchos ven un futuro mejor en una nación cada vez más diversa.
Un informe del Pew publicado en junio reveló un optimismo extraordinario entre los hispanos: cuatro de cada cinco dijeron que esperaban que la situación financiera de sus familias mejorase el año que viene.
Una encuesta realizada por la National Public Radio en 2013, cuando había más desempleo e incertidumbre económica, reveló que más de cuatro de cada cinco negros afirmaban estar satisfechos con su vida en general y que más de la mitad decía que estaba mejor que sus padres.
No hay una furia general de la clase obrera en Estados Unidos. Existe la furia de los conservadores blancos (junto a una versión más modesta de izquierda). Si bien puede arder con más intensidad en los Estados Unidos desindustrializados, la ira conservadora atraviesa demarcaciones de clase y nivel de formación, desde obreros hasta multimillonarios.
Esto complica el relato de los partidos que cambian de lealtades de clase. A los demócratas los deja administrando una coalición cada vez más difícil de manejar que abarca desde millonarios cosmopolitas blancos que envían a sus hijos a escuelas privadas hasta trabajadores de servicios hispanos y obreros y oficinistas negros que ganan salarios bajos y enfrentan el desplazamiento económico (los asiáticos, el otro componente de la coalición multirracial demócrata, suelen presentar niveles educativos y de ingresos más elevados).
Hacer que esa coalición mantenga el mismo rumbo general podría resultar imposible sin los esfuerzos dedicados del Partido Republicano. Este ha demostrado ser incapaz de librarse de su camisa de fuerza racial. Por lo tanto, en vez de eso optó por ajustarse las correas alrededor del torso.
Se viene debatiendo, por decirlo así, si a los votantes de Trump los motiva más la ansiedad económica o la ansiedad racial. Pero no hace falta elegir; la segunda puede alimentar la primera (o viceversa).
En 2013, una encuesta de Latino Decisions detectó una conexión fundamental. El informe de la encuesta afirmó: “El 61% de los conservadores blancos y el 56% de los blancos mayores de 65 están de acuerdo en que aumentará la discriminación contra los blancos debido a la diversidad cada vez mayor”.
En otras palabras, la gran mayoría de los conservadores blancos encuestados creía que las perspectivas económicas de los blancos podrían empeorar —serían discriminados— a medida que floreciera la diversidad racial. Son evidentes las implicaciones de esto para la ansiedad por el status propio, potenciadas por el miedo a que blancos y no blancos cambien de posición en la jerarquía socioeconómica.



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