Logo La República

Jueves, 25 de abril de 2019



COLUMNISTAS


Evaluación en Evolución

Eleonora Badilla [email protected] | Jueves 07 marzo, 2019

Eleonora Badilla


La evaluación se realiza en distintas áreas de la organización social: la industria, la economía, las finanzas la gestión, la educación, la salud, la psicología, la tecnología y muchas otras. Se trata de visibilizar el valor, la pertinencia o la utilidad de un objeto, producto o proceso, lo cual se evidencia comparándolo con criterios previamente establecidos. Se trata de una valoración que hacemos constantemente. A veces, de manera informal; a veces de forma rigurosa y formal. Muchas veces subjetivamente; hay quienes prefieren la objetividad. A veces consciente, a veces inconsciente.

Un ejemplo de una evaluación informal e inconsciente podría ser la escogencia de la ropa para cada día. Se trata de encontrar el valor, la pertinencia o la utilidad de mi atuendo del día. Para mi evaluación diaria, puedo contrarrestar las posibilidades de que dispongo en mi armario con algunos criterios, dependiendo del caso: con el clima o la temperatura; si debo permanecer al aire libre; si debo estar de pie; si es de noche o de día; de qué tipo de actividad se trata, por ejemplo. Y a partir de mi evaluación, tomo una decisión, deseablemente acertada.

En los ámbitos profesionales, laborales, académicos, de investigación y educativos, la evaluación adquiere una mayor formalidad, conciencia y propósito ya que orientan la toma de decisiones. Se evalúa por ejemplo, el desempeño laboral de las personas; la calidad de los productos; el desarrollo de los proyectos; la condición de salud de un paciente; la salud financiera de una organización; el cumplimiento de los planos arquitectónicos de acuerdo con la normativa vigente; el impacto ambiental de una propuesta. La evaluación es una actividad dinámica, que va evolucionando de acuerdo con los cambios que se suceden en la organización social. Hay diagnósticos y evaluaciones alternativas que han emergido en los últimos años, gracias al desarrollo de nueva tecnología que así lo permite.

La evaluación por lo tanto para ser pertinente debe estar en constante evolución, acompañando los cambios, las innovaciones y las posibilidades emergentes.

En el ámbito educativo, en términos generales, evaluamos el aprendizaje de los y las aprendientes (de contenidos, de habilidades, valores) y el desempeño docente.

La evaluación no puede quedarse rezagada midiendo solamente los contenidos que se guardan en la memoria. Es necesario valorar también procesos, habilidades y valores. Y desde mi perspectiva, si el fin de la educación es que haya aprendizaje, el fin último de la evaluación debe ser contribuir con la mejora constante en el aprendizaje.

Los cambios que ha propuesto el Ministerio Educación, salda una deuda de hace muchos años con procesos de evaluación del sistema educativo nacional. La realidad ha cambiado mucho: la ciencia y la tecnología han multiplicado los contenidos y los conocimientos; el mundo laboral valora habilidades que hace poco no eran tan importantes; la sostenibilidad y la convivencia pacífica son valores urgentes.

Y la evaluación debe evolucionar en concordancia.