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Lunes, 21 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


¡Estamos matando de nuevo la gallina de los huevos de oro!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 26 octubre, 2018


Sinceramente

¡Estamos matando de nuevo la gallina de los huevos de oro!


Todos recordamos cómo en los años 80 en el sur del país, en Golfito y alrededores, se sembraba tanto palma africana como banano. Grandes plantaciones bananeras, empacadoras y puerto de embarque funcionaban en aquel sitio. Como la empresa era presuntamente propiedad del imperialismo, los sindicatos le hacían huelgas violentas y exigencias para ponerla de rodillas.

Un buen día, durante la administración de don Rodrigo Carazo Odio, los sindicatos declararon una huelga. La huelga se prolongó y las pérdidas de la empresa fueron tan importantes que cerró operaciones en aquella región que en prosperidad cultivaba los tradicionales productos. Fue una verdadera tragedia para quienes habitaban toda la Zona Sur.

De ser una región próspera derivó en una región arruinada y los habitantes emigraron y pasaron décadas para que  volviera a tener los niveles de vida previos a aquella huelga. “Habían matado a la gallina de los huevos de oro”.

Recientemente frente al proyecto de fortalecimiento de las finanzas públicas, los sindicatos del sector público declararon una huelga política tratando de disimular que luchaban contra las reglas y normas fiscales del proyecto y enmascarando tales pretensiones de conservar sus prebendas diciendo que la huelga era para evitar que la canasta básica fuera gravada por el impuesto al valor agregado de un 1%.

El impuesto al valor agregado tiene un importante valor como herramienta para que quienes defraudan al fisco sean controlados por el Ministerio de Hacienda. La trazabilidad y el hecho de que es deducible en una etapa tras otra de la cadena productiva lo hace describir actividades, ventas, pagos, proveedores y la verdadera venta que han generado. Es además una herramienta brutal en contra del lavado y legitimación de capitales por el crimen organizado.

El 1% a la canasta básica, si bien es una carga que pesará sobre la población más vulnerable es un impuesto muy limitado y luego se verán mecanismos compensatorios, entre ellos aumento de los salarios mínimos.

La huelga ya ha durado muchos días. Las pérdidas de la misma son irrecuperables sobre todo en el campo de la educación. ¡El tiempo perdido hasta los ángeles lo lloran!

Los privilegios de muchos empleados públicos han sido expuestos, los abusos de pluses, dedicaciones exclusivas, confidencialidad, anualidades, pensiones de hacienda, prestaciones sociales sobre los ocho años establecidos por el Código del Trabajo y otros mecanismos de remuneración que el país no tenía en mente, han alertado a la población que paga los impuestos del desperdicio de todo aquello y de cómo las remuneraciones y sus mecanismos de encadenamiento y aumentos de naturaleza automática les hacen crecer por encima del crecimiento de la economía, de la recaudación de impuestos y de las posibilidades de país.

En los años 80 la empresa bananera se retiró del país. En 2018 la no aprobación del proyecto tributario generará consecuencias tales que el triunfo de quienes protestan será una pérdida magna para Costa Rica, para el fisco y para la captación de la inversión extranjera que con su aporte cierra las brechas comerciales de la balanza comercial del país.

Graves consecuencias está trayendo la no aprobación. Esta semana el lunes la subasta de bonos del Estado no logró vender ni un certificado. El problema no es un asunto de rentabilidad, de tasa de interés, de negocio financiero. Es que nadie compra a buena tasa si la percepción es que el Estado marcha hacia el incumplimiento de sus pagos. Nadie presta a sabiendas de que no le pagarán su principal con facilidad. Nadie se mete en “camisa de once varas”.

Muchas personas con una ingenuidad, o una maldad que nos deja fríos, señalan que todo es parte de una campaña del miedo… para aprobar el proyecto fiscal. Que dicho proyecto recogerá tan solo un 1,4% del PIB en recursos frescos y que eso no es relevante. Otros señalan que estos impuestos contraerán la economía y que es creciendo la economía como podemos responder a los retos fiscales. Otros afirman con una seguridad que asusta que primero debe el Gobierno cerrar o vender instituciones estatales que poner impuestos. Digo que con seguridad que asusta porque los proyectos de ley para cierre, fusión o venta de instituciones demorarán tiempo precioso para presentarse y discutirse y serán motivo de huelgas y protestas por justificados que sean. El déficit y su atención no esperan. Hay que pagar sueldos y aguinaldo en diciembre y las letras del tesoro en cosa de días y todo eso son miles de millones de colones. Quienes afirman que los impuestos contraerán el ritmo de la economía no han previsto que la devaluación y sobre todo el aumento de las tasas de interés contraerán aún más el mismo.

Pareciera que muchos desean que el proyecto en discusión se retire de la corriente legislativa y se discuta más otro diferente. La génesis del impuesto al valor agregado está allá en el año 2001 por recomendación de los ministros de Hacienda del país. Este proyecto en lo fundamental se ha discutido en la administración Pacheco de La Espriella, Chinchilla Miranda, Solís Rivera y ahora en la Alvarado Quesada. Ya no más discusión. El país requiere soluciones, no más discusión. Estamos al borde del abismo como nunca antes habíamos estado, ni siquiera en los años 80.

Estamos matando la gallina de los huevos de oro. Estamos destruyendo nuestro hogar común. Estamos dañando irreparablemente el tejido social para destruir la democracia. Estamos buscando activar la lucha de clases, no resolver un problema fiscal. Estamos a las puertas de alzas significativas de las tasas de interés que harán más lento el crecimiento de la economía. Estamos ante la inminente devaluación del colón que reducirá de manera dramática el valor de los salarios en colones. Estamos ante el aumento serio y sostenido de la pobreza. Muchos desean seguir siendo parte de los problemas para usar estos problemas para ganar votos y “ganar la elección próxima” aunque sea sobre los muertos del país y un mar de lágrimas y miseria.

¿Qué clase de costarricenses somos? ¿En qué clase de personas nos hemos transformado que preferimos causar daño a Costa Rica con tal de volver a elegir más diputados o ganar la presidencia con un nuevo pastor? ¿Somos capaces de acabar con la paz social y el futuro de generaciones por venir por ganar la elección?

Deseo instarlos a ser parte de la solución no del problema. Construyamos la Costa Rica del futuro con justicia, con equidad, con paz y hermandad. Viva Costa Rica.








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