Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 22 Diciembre, 2014

Pidamos al Niño Dios que regale sabiduría a nuestro señor Presidente, a los miembros de los supremos poderes y a los dirigentes políticos


Disyuntivas

Espíritu de Navidad

Ya pronto termina el año. Pasado mañana es Nochebuena y con las brisas del norte nos surgen sentimientos de amor al prójimo, de ternura con los niños, de gratitud a Dios por sus dones.
Termina el año y así como nos alegra el recuerdo del nacimiento del Niño Dios y nos deleita el recuerdo de los tamales que ya hemos disfrutado y el pensamiento de los que aún esperamos compartir con familiares y amigos; también nos acongojan los nubarrones que se vislumbran en el año nuevo.
En mi opinión el más ominoso es la dificultad que percibimos para tomar importantes decisiones frente a los problemas nacionales que se han venido acumulando.
Y esa amenaza es real porque si no resolvemos conscientemente los desequilibrios económicos, llega un día en que ellos se encargan de resolverse por sí mismos, pero con un enorme costo que injustamente recaería sobre las familias más pobres y débiles del país.
Cuando una familia es bendecida por el nacimiento de un bebé y los vamos a visitar para conocerlo, le llevamos un regalo. Como el nacimiento que conmemoramos pasado mañana es el de Dios encarnado, y como no somos magos de oriente sino simples costarricenses, en vez de llevarle al Niñito oro, incienso y mirra yo invito a mis estimados lectores a que le presentemos una carta al Niño Dios.
En esa carta pidamos al Niño Dios que desde el portal de Belén nos depare esperanza y optimismo.
Esperanza en que podamos actuar con previsión e inteligencia. Que podamos superar los prejuicios y las rivalidades. Que entendamos que nuestro verdadero interés y la posibilidad de ser más felices radican en trabajar colaboradoramente, y en establecer reglas que permitan que nuestros esfuerzos personales rindan mejor fruto.
Pidamos al Niño Dios que regale sabiduría a nuestro señor Presidente, a los miembros de los Supremos Poderes y a los dirigentes políticos, para que don Luis Guillermo proponga una agenda realista y equilibrada que concite el apoyo de los demás, y así resolver los desequilibrios financieros, fiscales y de eficiencia que enfrentamos.
Pidamos al Niño Dios que impregne a los diversos grupos de interés con su buena voluntad, y les ilumine para que puedan realizar un análisis sereno, determinen sus verdaderos intereses de mediano y largo plazo, y pospongan —en favor a su conveniencia— enfrentamientos inmediatos.
Pidamos al Niño Dios que en cada familia reinen el amor, el apoyo mutuo, el afán de cada quien de ser generoso y amable con el resto de los familiares.
Pidamos, en fin, en nuestra carta al Niño Dios, que en cada uno de nosotros haya autoestima y amor propio, y que ese amor y el amor familiar formen un inmenso torrente de afecto que desborde el hogar y llene campos y ciudades de sentimientos de fraternidad y solidaridad.
FELIZ NAVIDAD.

Miguel Ángel Rodríguez