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Lunes, 10 de diciembre de 2018



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Esperanza y gasolina escasean en Gaza

| Miércoles 02 julio, 2008



Esperanza y gasolina escasean en Gaza

Tregua entre Hamas e Israel no ha traído mejoras en calidad de vida de los palestinos

Gaza
EFE

Doce días han transcurrido desde que entró en vigor en Gaza el alto el fuego entre Israel y Hamás, sin embargo, los sueños de una vida mejor de los habitantes de la empobrecida y superpoblada franja palestina comienzan a desvanecerse.
“Nada ha cambiado. No vemos entrar cemento ni materiales de construcción en Gaza. No queremos que entre tan sólo fruta israelí”, protesta Rami Ghaben, un desempleado de 42 años.
Ghaben habla con la impaciencia propia de quien ve la luz al final de un túnel, el bloqueo israelí a Gaza, que dura ya más de un año.
Han sido doce meses de duras restricciones comerciales, energéticas y de movimiento desde que Hamás se hizo con el control de la franja tras expulsar por la fuerza a los cuerpos de seguridad leales al presidente palestino y líder de Al Fatah, Mahmud Abás. Ahora, sin embargo, tras casi dos semanas de una tregua que debería llevar a una relajación del cerco, los habitantes de la franja apenas perciben mejoras en su difícil situación.
Parte de la culpa reside en los brazos armados de Al Fatah y de la Yihad Islámica, han llevado a Israel a clausurar de nuevo los pasos fronterizos al lanzar proyectiles contra el Estado judío en vulneración de los términos del cese de las hostilidades.
Los grupos identificados con Al Fatah que violan la tregua forman parte del núcleo más radical de su brazo armado, las Brigadas de los Mártires de Al Aksa, algunas de las cuales desoyen desde hace años las órdenes de la cúpula política, aunque se niegan a considerarse escindidos del movimiento nacionalista palestino.
Según ese pacto, alcanzado con mediación egipcia, las milicias palestinas tienen que dejar de lanzar cohetes y proyectiles de mortero contra Israel, que debe, por su parte, suspender sus operaciones militares en Gaza y levantar progresivamente el bloqueo a ese territorio.
Ayer, por ejemplo, las fronteras vuelven a estar selladas debido a las violaciones a la tregua, y dejan a Gaza un día más como la “cárcel más grande del mundo”, como gusta definirla a sus habitantes.
En este contexto de incertidumbre, exportaciones prohibidas e importaciones con cuentagotas, Maher Hassanien desespera.
Este comerciante de piedras y gravilla lleva doce meses sin recibir un sólo cargamento a causa del bloqueo israelí y, según le advierten sus socios en el país vecino, así seguirá siendo “hasta la liberación de Guilad Shalit”, el soldado israelí cautivo en Gaza de tres milicias palestinas -entre ellas la de Hamás- desde hace dos años.
Hamás pide la excarcelación de centenares de presos palestinos a cambio de Shalit, mientras Israel insiste en que el paso fronterizo entre Gaza y Egipto seguirá cogiendo telarañas hasta que el joven soldado vuelva sano y salvo a casa.
Poco importan estas discusiones a Abu Mohamed, un conductor de taxi que ve “menguar la vida en Gaza, empezando por los cupones para el diesel y siguiendo por la bombona de gas de cocina, que cuando tenemos suerte viene llena por la mitad”.
Como muchos otros, su vehículo hace cola durante horas frente a las gasolineras para tratar de obtener fuel, bien escasísimo en la franja desde que hace nueve meses Israel redujera su suministro a Gaza hasta al mínimo dictado por el Supremo para evitar una crisis humanitaria.