Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 10 Abril, 2013

Hoy tenemos un Partido Unidad con dos precandidatos en la línea de salida de una convención que no sabemos si realizará o no


Hablando Claro

Enigma socialcristiano

“Nosotros creemos que el Partido Unidad Social Cristiana es un cedro que tiene raíces profundas y un elevado tallo, aunque luce las hojas un poco mustias”.
Esto fue lo que me dijo un impetuoso y prácticamente desconocido Gerardo Vargas cuando lo entrevisté en julio de 2010 al asumir la presidencia de la agrupación con la convicción de devolver el brillo a las hojas marchitas y hacer florecer el árbol en cuatro años de cara a las elecciones que hoy están a la vuelta de la esquina.
El PUSC, tan dividido como los demás partidos, ciertamente tiene la salud de un cedro que se ha resistido a morir pese a los embates de tempestades y huracanes.
El más grande partido del país en la década de los 90 empezó a derrumbarse en 2004 por los cataclismos mayores que enfrentó, hasta quedar reducido a un contingente de adherentes que no alcanzó el 4% de los votos emitidos en las últimas presidenciales, aunque ciertamente tuvo el oxígeno necesario para duplicar ese caudal de votos en las legislativas y casi triplicarlo en las municipales.
Lo que ha transcurrido en estos tres años es la lucha de aquellos que se negaron a abandonar la tienda rojiazul con la idea de que era posible convencer a propios y extraños de algo casi imposible: que la Unidad se refortaleciera a tal punto que tuviera condiciones reales para ganar las elecciones de 2014, a decir de Vargas con “una propuesta sensata”.
Hoy tenemos un Partido Unidad con dos precandidatos en la línea de salida de una convención que no sabemos si realizará o no. Coinciden en sus nombres y en sus pasos por la zona neurálgica de la institucionalidad democrática; dado que uno procede del Hospital de Niños y el otro fue presidente ejecutivo de la Caja.
El Dr. Hernández es (incluso a pesar de que insistentemente se empeñe en lo contrario) el delfín que muestra la determinación inquebrantable del calderonismo de mantenerse activo e influyente en la vida política; lo cual es menester decir, viene logrando esa facción con denuedo, estrategia y resultados en estos años.
El otro, el jurisconsulto Dr. Piza Rocafort, integrante de la comisión de expertos, aparece como ficha de última hora para salvar el proyecto del grupo de jóvenes que encabezó Vargas con Pedro Muñoz y otros, decididos a rescatar la casa mediante una reestructuración en la que el partido se pudiera organizar como una agrupación “de base y no de cúpulas”. Buenos propósitos que animaron los ideales de los jóvenes de la Unidad pero que aún no logran concretarse.
Primero porque aún no conocemos esa “propuesta sensata” que ofrecieron elaborar y segundo porque no sabemos si a falta de estructura por haber llegado tan tarde al juego, Rodolfo Piza no terminará siendo absorbido por la Convergencia Calderonista en cuyo caso, el Renacer Socialcristiano habrá sido solo un espejismo…
Por ahora lo único cierto como hecho político es que hay dos grupos en liza. Uno fuertemente impulsado (liderado) por Rafael Ángel Calderón y el otro con el entusiasta aunque discreto apoyo de Miguel Ángel Rodríguez. Cosas veredes. Noticia en desarrollo.

Vilma Ibarra