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Martes 15 Diciembre, 2009

Eliminar la revisión técnica vehicular

Entre las causas de enfermedades que producen muerte a nivel mundial, se proyecta que los accidentes de tránsito pasarán del noveno lugar en 1990 a un tercer lugar en 2020. De acuerdo con el Informe Mundial sobre Prevención de los Traumatismos Causados por el Tránsito, por la Organización Mundial de la Salud, este tipo de muertes son comparables a la crisis global producto del VIH. En nuestro país la tasa por 100 mil habitantes, de muertes violentas para 2006 (15,5) era mayor a la de muerte accidental (13), suicidio (8,6), homicidio culposo (13,7) y homicidio doloso (7,9).
Los accidentes de tránsito ocurren por tres razones fundamentales: el factor humano, ya sea imprudencia, irrespeto a las leyes de tránsito, alcohol, drogas, etc.; el factor ambiente, que incluye problemas en la vía producto de deslizamientos, mal estado de la carpeta, etc., y por último el factor vehículo, que incluye todas las fallas mecánicas que se puedan generar.
Es interesante notar estadísticamente como las muertes por accidentes de tránsito en nuestro país se han mantenido estables desde 2001 y hasta la fecha. Analicemos los datos. De 1998 a 2001 las muertes por accidentes de tránsito pasaron de 498 a 700, (40%), pero de 2001 a 2008 aumentaron de 700 a 725 (3%). Más interesante aún es saber que precisamente entre 2001 y 2002, donde se inicia la estabilidad relativa en esta materia, es cuando entra en vigencia la revisión técnica vehicular.
Seamos sinceros, ¿cuándo es que el costarricense promedio arregla su vehículo, ajusta sus frenos, cambia sus llantas, repone las luces quemadas y ajusta el motor para eliminar contaminantes? O reformulo la pregunta, ¿si no existiera una revisión técnica de una empresa seria, arreglaríamos los costarricenses nuestros vehículos? O como dice don Julio Rodríguez, ¿a “nadadito de perro” esperaríamos a que se nos desarme el carro para llevarlo a algún taller? Si la solución es eliminar el monopolio para dárselo a los talleres privados, ya nos jodimos, pues me acuerdo perfectamente del marchamo ecológico donde cualquier hijo de vecino amigo del dueño llegaba, pagaba los ¢2 mil y salía con el papelito verde pegado en su vehículo sin necesidad siquiera de ingresar al taller. Si la solución es abrir el tortuoso proceso de otra licitación internacional, nos espera rato sin revisión. Si lo que queremos es cuatro o cinco empresas haciendo revisión, ningún concesionario se verá atraído ya que el queque es muy pequeño para tanta gente (850 mil vehículos circulando en 2008).
Eliminar el monopolio puede ser un lindo tema de campaña para aquellos que quieren ganar unos votos de más o para quienes por su ideología política no soportan que una empresa extranjera venga a hacer negocio aquí, pero hacen la vista gorda con que monopolios estatales desangren la administración pública.
Estamos claros que aunque no se tengan en las manos los estados financieros de la empresa encargada de la revisión técnica, un aumento del 100% del precio parece a todas luces desproporcionado. Pero basarse en una disputa de tarifas para buscar la eliminación de este servicio es una irresponsabilidad, que quienes la promueven, estoy seguro, no se han dignado hacer un balance costo/beneficio para el país (se estima que la factura por accidentalidad asciende al 1% del PIB). Peor aún, quienes promueven esto tendrán que cargar en su conciencia las muertes futuras por una falla vehicular que pudo ser detectada y corregida a tiempo.

Mauricio Batalla O
Ingeniero
Consultor y profesor universitario
Área de Vialidad