Enviar

Si los legisladores nos impiden cumplir compromisos internacionales, hagamos que los costarricenses sí cumplan de todos modos

El retraso de los congresistas

Empresas privadas e instituciones públicas han tomado, por iniciativa propia, la decisión de ser espacios cien por ciento libres de humo de tabaco.
Ellos no esperaron a que se aprobara ninguna Ley Antitabaco en el país. Se adelantaron a respetar a todas las personas que entran a sus establecimientos asegurándoles que, al menos ahí, no se afectará negativamente su salud por causa de tener que respirar el humo de los cigarrillos que otros fuman.
Con su actitud, demuestran reconocer que un derecho se puede ejercer mientras hacerlo no dañe a otros. Ellos atraen a sus espacios a todas las personas que ya están en la moderna tendencia que opta por cuidar la salud alejándose del hábito de llenar de humo el cuerpo en vez de darle lo que por naturaleza pide: aire puro.
Una nota publicada en Magazine, de LA REPUBLICA, el viernes anterior, destaca que al menos 600 establecimientos en el país han adoptado el programa Espacios 100% Libres de Humo de Tabaco, recibiendo la certificación correspondiente.
Los diputados de la Asamblea Legislativa, en cambio, siguen sin aprobar la Ley Antitabaco, un compromiso adquirido por Costa Rica desde 2008 ante la Organización Mundial de la Salud.
No obstante, es mucho lo que se puede hacer aun sin la prohibición para fumar en espacios públicos.
El hábito de inhalar humo proveniente del tabaco, así como otros malos hábitos que el ser humano ha adquirido a lo largo de su existencia, se debería eliminar por medio de la educación. Esta, que es la clave para casi todo, debería ser la tarea que Costa Rica emprenda con mayor empeño para que nuestros niños no sean convencidos fácilmente por quienes los inducen a adquirir malas costumbres.
Un niño o niña, bien educado desde su nacimiento, en un hogar donde más que palabras se den ejemplos, crecerá sabiendo qué es lo que le conviene y por qué razones. Será esa su mejor arma a lo largo de la vida para rechazar lo que pueda hacerle daño y abrazar lo que beneficiará su salud y su bienestar.
Mientras más rápido logremos esto, menos deberemos preocuparnos por que nuestros congresistas no nos dejen cumplir con los compromisos internacionales adquiridos en materia de espacios públicos libres de humo de cigarrillos.

Ver comentarios