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Jueves 18 Octubre, 2012

El reformador

Don Rafael Angel Calderón Guardia no necesita defensores. La gran obra social realizada por el prócer no se discute. En estos días se ha vuelto costumbre escribir comentarios tratando de disminuir los grandes logros alcanzados durante su gestión presidencial.
A diferencia de muchos gobernantes actuales, que solo piensan en engrosar su propio peculio con cargo al erario público, el doctor Calderón se dedicó a gobernar privilegiando a los más necesitados al crear instituciones como la CCSS, la Universidad de Costa Rica y el Código de Trabajo; las tres columnas principales sobre las que descansa nuestra democracia.
Antes de alcanzar la presidencia, ya había demostrado con creces su vocación humanista. Por su gran destreza como profesional, llegó a ser Cirujano Jefe del Hospital San Juan de Dios, y Presidente del Colegio de Médicos y Cirujanos.
Las personas más necesitadas también son las más agradecidas. Y no olvidarán fácilmente el nombre de aquellos que, sin anteponer pasiones, hicieron grande a Costa Rica.
La gran calidad humana del reformador social y su cultura, no admiten cuestionamientos de orden politiquero.
Aún siendo Presidente atendía el llamado de sus pacientes visitándolos en sus hogares gratuitamente. En muchas ocasiones compraba hasta los medicamentos que el enfermo requería. En vez de poses demagógicas derramó amor por Costa Rica.
Este pequeño espacio no alcanzaría para enumerar sus grandes logros sociales.
Los que siempre hemos admirado su obra, no necesitamos enlodar la de otros para exaltar su figura.
Permitamos que las magnas realizaciones hablen por sí mismas de sus insignes creadores.
En tiempos de trochas, platinas y asesorías, es preferible meditar primero antes de vociferar groserías.

Jorge Castro