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Jueves 22 Enero, 2015

La verdad dicha con amplitud es la única vía para el reencuentro de la confianza y la lucha contra la corrupción


¿El Presidente mintió en el caso Soley?


Qué delicada resulta la sola idea de pensar que el Presidente de la República pueda haber mentido, que hubiera mentido a su pueblo. Esto hace que se desmorone la fe en la figura presidencial y se haga añicos su credibilidad personal, entre otras consecuencias.
Un pueblo engañado por la mentira, es un pueblo peligroso. En un régimen parlamentario, de ser él el primer ministro o el jefe del gobierno, la sola duda de su actuar llevaría al congreso a presentar una moción de confianza para removerlo de su cargo, minando su poder para gobernar.
Tanto que cuesta cimentar la confianza y por un acto irreflexivo (digo yo) de un conspicuo funcionario (o de varios) se puede tirar por la borda la verdad, para que emerja la mentira.
La publicación de un medio de circulación nacional el 20 de enero, con las manifestaciones de la señora procuradora general, acusan al presidente Solís, lo ponen en entredicho ante la opinión pública.
Dice la señora procuradora que el presidente Solís sabía, unas veinte horas antes de decir lo contrario, el “affaire” Soley. Que no más bajando del avión procedente de China lo puso al tanto del ofrecimiento de una embajada, a cambio de su renuncia. ¿Le mintió entonces, verdaderamente, al país el Presidente?
Ya no se trata solo de quién actuó a la ligera, sino también de cómo se tratan la ética y el honor en el gobierno.
Si mentir deshonra a quien lo hace, mentir teniendo testigos traspasa la lógica. “Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos”, nos decía Abraham Lincoln. Solo hay que esperar que no estemos ante una práctica común en el gobierno.
Decía Aristóteles que “el castigo del embustero es no ser creído aun cuando diga la verdad”, pero en la figura presidencial y sus colaboradores inmediatos el castigo debería ser la destitución, pues un pueblo generoso y honesto como el nuestro no se merece que sus autoridades le mientan.
Bien hará la señora procuradora en decir la verdad real de los hechos ante los señores diputados; el país debe conocer, con la máxima profundidad, los entretelones del ofrecimiento Soley.
La verdad dicha con amplitud es la única vía para el reencuentro de la confianza y la lucha contra la corrupción.
Bien vale la pena recordar estas palabras de Cicerón: “la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio“. En estos delicados momentos el país necesita creer en ese cambio por el que votó, aunque el cambio esté viajando en zigzag desde el pasado 8 de mayo.
¿El Presidente mintió al país al decir que no conocía del caso Soley?, ¿hay oculto algo más que no sabemos? Tendrán la palabra los señores diputados y la señora procuradora.
De lo que sí estoy seguro es que si París bien valía una misa para Enrique IV de Francia y III de Navarra, el Gobierno de Costa Rica no debe valer una mentira para quienes nos gobiernan.

Héctor Arce Cavallini