Carlos Denton

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Miércoles 19 Diciembre, 2007

El pacto del diablo nicaragüense

Carlos Denton

El pacto entre Daniel Ortega Saavedra y Arnoldo Alemán Lacayo está colapsando, y el último se encuentra de nuevo confinado a su casa bajo estricto control del sistema penitenciario de su país. El Presidente actual está empeñado en implementar los Consejos de Poder Ciudadano (CPC), y como Alemán no quiere o no puede ayudarle, ya comienza el segundo a perder privilegios insólitos para un reo en cualquier país del mundo.
Si el pacto deja de funcionar del todo, y si Ortega no encuentra otro con quien negociar lo que él percibe que necesita, podría entrar Nicaragua en un periodo de convulsión política en 2008, donde no queda claro en la actualidad quién pudiera ser el ganador y quién el perdedor.
Cuando Alemán dejó la presidencia en 2002, casi de inmediato fue acusado de una serie de delitos relacionados con el manejo de fondos públicos en el periodo de su mandato. Tenía él un activo en ese entonces, al buscar alguna manera de defenderse, y era el hecho de que diputados del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), mayoría en la Asamblea Nacional, habían sido todos nombrados por él y eran totalmente leales.
El y su partido, durante su periodo en la presidencia, supuestamente habían permitido que los sandinistas controlaran todo lo que era el sistema judicial del país, y de repente se encontró defendiéndose en tribunales aparentemente controlados por Daniel Ortega Saavedra y su partido político. Los dos líderes se reunieron después de 2002 en varias ocasiones, e incluso Ortega llegó a visitar a Alemán en la cárcel, cuando ya estaba condenado a purgar 20 años por los delitos cometidos. Pactaron una serie de concesiones políticas y constitucionales que cambiaron el panorama institucional en el país, y que permitieron a uno de ellos regresar a la presidencia y el otro obtener “país por cárcel,” donde pudiera ir a cualquier lado dentro del territorio nacional sin ningún tipo de controles.
Los diputados de Alemán, en pacto con los del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), aprobaron una reforma constitucional, que permitió al que recibiera un 35% del voto en una primera vuelta de una elección presidencial ganar. Solo así pudo Ortega retomar el poder en su país a principios de año. Pero ahora él quisiera consolidar su poder y los CPC, comités de vigilancia en los barrios y comunidades, son parte clave de su plan. La Asamblea Nacional específicamente se ha negado a aprobar la creación de los CPC, y los diputados liberales, incluyendo los que pudieran ser aliados de Alemán, han amenazado con paralizar el país, negarse a aprobar el presupuesto nacional o cualquier otra legislación, si Ortega procede a organizarlos por decreto.
Ortega esperaba que Alemán pudiera dividir el voto liberal, pero parece que ya solo son cuatro diputados en la Asamblea que mantienen lealtad con el presidente del periodo 1997-2002. Como ya no pudo cumplir con el pacto, vino el castigo.
Ortega supuestamente hizo otro pacto, en este caso con su esposa Rosario Murillo, que le obligaba a entregarle a ella el mando de los CPC, bien financiados y organizados. No se sabe qué es lo que dio la poetisa Murillo a cambio, pero ella fue directora de la campaña presidencial de su esposo con el lema “Solo dejarme ganar en periodo de paz”.
Guerra no va a haber en Nicaragua, pero tampoco habrá paz política en 2008.

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