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El mejor Mel Gibson retrata al peor Mel Gibson en "The beaver"

Hay papeles para los que un actor parece llevar años preparándose y Mel Gibson lava sus trapos sucios con ayuda de su amiga Jodie Foster en "The beaver", fábula espinosa sobre el perdedor en el que la superdotada oficial de Hollywood convierte en compatible la amargura y el optimismo.
"El castor", es en realidad un ejercicio de contorsionismo de la Foster directora para dar solidez a un argumento inasible y, de paso, echarle un capote a un desorientado Mel Gibson, que salta al vacío con este personaje torturado que se entrega al ridículo sin pudor.
La película es lo suficientemente osada como para sobreponerse a su premisa argumental: la terapia a la que se autosomete un hombre de negocios deprimido para salir de su agujero no es otra que hablar solo a través de una marioneta que encuentra en la basura. Es "The beaver".
Si Mickey Rooney desnudó sus cicatrices en "The wrestler" y Gloria Swanson exhibió su decadencia en "Sunset Boulevard", Gibson exorciza su tendencia a la autodestrucción de la mano de una Foster que demuestra que su nivel intelectual no le despega de la sensibilidad pedestre.
Su cámara cabal es la que hace el milagro de que, a través del disparate, se acaricie la emoción directa y auténtica, se contagie el dolor y la desorientación y se huela la catástrofe humana.
Foster, para ello, juega con la imaginación del espectador y le hace comulgar con esa inquietante marioneta, casi como cuando Robert Zemeckis arrancó las lágrimas a la platea cuando Tom Hanks perdía en "Cast away" a una pelota llamada Wilson.
Y experta en dar un matiz a las relaciones personales en películas como "Little Man Tate", la realizadora —en la película también actriz secundaria— da la vuelta a la crónica familiar y esa condena a buscar apoyo emocional se acaba teniendo el efecto liberador de un grito de socorro.
Afortunadamente, en su argumentación evita el manual de autoayuda para forzar al espectador a tragarse las espinas de la depresión endógena, porque "The beaver" camina hacia atrás en la construcción del hombre perfecto y coherente para llegar a la aceptación de la vida tal cual es. Con marionetas o sin ellas.
Y ese sentimiento crece gracias a una historia secundaria, la del hijo de Gibson que intenta alejarse del patrón que ha creado su padre, en la que se hace especialmente trágica la falta de referentes de los jóvenes que interpretan Cherry Jones y la estupenda Jennifer Lawrence.
Todos esos actores sometidos al poder de una marioneta que cataliza sus emociones acaban consiguiendo que, efectivamente, "The beaver" cobre vida y Foster, con sus dos Oscar y su carrera modélica, acaba revisando con brío y melancolía los fracasos que conlleva el triunfo y las victoria de asumir una derrota.

Redacción Internacional / EFE
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