Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 10 Junio, 2015

Pizarrón

El Informe del Presidente ante el Poder Legislativo


El primero de mayo, prácticamente desde 1890, el Presidente de la República, constitucionalmente, está obligado a entregar un Informe sobre el Estado de la Nación, a la Asamblea Legislativa, representación del pueblo soberano integrada por sus diputados, con invitación protocolaria obligada, como convidados de piedra, del cuerpo diplomático acreditado en el país, con lo cual resulta un informe ante el mundo.
Es parte de la relación de equilibrio, de contrapesos de los poderes del Estado, del cogobierno institucional que ello significa, por el cual los representantes populares escuchan, a viva voz, este informe, que en los días posteriores ellos mismos analizan críticamente, a favor o en contra del mismo, destacando sus bondades o falencias, sus virtudes o defectos, sus aciertos o errores.


No es obligatorio que el Presidente se presente en persona a brindar este informe. Su obligación es enviarlo. Si no se presentara en persona, le correspondería al secretario de la Asamblea Legislativa leer lo que envía.
Al iniciar una legislatura de la presidenta Laura Chinchilla no pudo rendirse este informe el primero de mayo, por problemas del propio Poder Legislativo y sus diputados, que extendieron la sesión al infinito de ese día. Ella lo dejó presentado como correspondía. Luego negociaron para que otro día lo fuera a leer, de acuerdo a la tradición, y así lo hizo, sin que fuera su obligación.
Hay estilos y formas de presentarlo. Los ha habido pequeños y los ha habido grandes y extensos, como uno del presidente Rodrigo Carazo, que tal vez haya sido el más largo en su presentación.
Los ha habido destacando cumplimiento de objetivos, metas y programas, conforme al Presupuesto Nacional y buena administración del mismo, sobre todo del primer año de gestión de un gobierno, que han heredado el presupuesto dado para ese año por el Gobierno que entregó la Presidencia.
Los ha habido generales y específicos en sus rasgos más importantes. Generales sobre los mismos propósitos en ejercicio de lo que se podido hacer en el año, sin concretar logros. Específicos cuando pueden destacar alguna obra importante que haya podido materializarse en el lapso transcurrido, o haciendo referencia a algunas leyes que se hayan podido aprobar con el apoyo, o iniciativa, del Poder Ejecutivo, que es lo que les interesa destacar a los presidentes.
Los ha habido donde se mezclan temas de carácter nacional como de política exterior, y según la importancia de estos, ocupan el relieve correspondiente.
Poco se informa, o casi nada, o del todo se ignora, en el primer Informe que presenta un Presidente, al término de su primer año de gestión, de lo que ofreció en la campaña electoral, como metas y proyectos de gobierno a ejecutar de inmediato a la toma del Gobierno, o de las dificultades que se encontró para ese propósito, que fueron los anhelos, esperanzas e ilusiones con las cuales logró captar la mayoría nacional para su elección.
De allí que sea natural que en el año transcurrido, y pronunciado este informe, los ciudadanos y grupos políticos, interesados en ver logros y materializaciones de las promesas, se desilusionen rápidamente de sus mandatarios. Esto sin tomar en cuenta los problemas de gestión de gobierno que públicamente trascienden y producen igual desencanto en la forma de conducir el Ejecutivo.

Vladimir de la Cruz