De cal y de arena
El ICE estaba “muy bien” en 2010


Una pérdida neta de ¢22.112 millones en 2011 es, aun para algo tan grande como el Instituto Costarricense de Electricidad, un hecho en extremo preocupante que de no afrontarse de inmediato y con pericia financiera y política, puede arrastrar a tan preciada empresa a circunstancias tenebrosas.
¿Cómo en tan corto tiempo se desploman las finanzas del Instituto si en LA REPUBLICA del 7/V/10 el saliente presidente ejecutivo del ICE, Ing. Pedro Pablo Quirós, afirmó que la empresa quedaba “muy bien. Como cinco veces mejor de cómo la asumí y eso a pesar de no tener tarifas.
Incluso Fitch nos concedió calificación triple A”. ¿Será que el ICE ha sido sometido adrede a algo así como un expolio, a tono con los voraces apetitos que tratan de desbancar su presencia dominante en telefonía y energía?.
Atrás del CAFTA/RD venían los desafíos propios de la pérdida de su posición monopolística para los cuales el ICE tenía que prepararse. Le fue difícil… o imposible. No lo pusieron en manos idóneas y lo despojaron de capacidad de reacción ante la arremetida de los poderosos intereses económicos hambrientos por los negocios en sus líneas.
Debió afrontar las zancadillas de quienes le impedían endeudarse pretextando que su expansión era gasto y no inversión. Le despojaron de valiosos activos —las frecuencias en banda de 850 KHz— por los que recibió el 1% de su valor verdadero, en obsequio a las transnacionales que llegaron para competir (o para hincarlo).
Le fijaron tarifas de ruina a los peajes de interconexión (¢3,63 el minuto del tráfico de llamadas siendo su costo aproximado a los ¢8/minuto) y se le cedió un margen de ganancia del 12% aunque el de la competencia sea del 40%.
Su Presidente Ejecutivo entonces accionó en Cortes contra estas arbitrariedades pero una orden de la cúpula gobernante le obligó a desistir. Debe ceder aportes anuales a los órganos de regulación de tarifas (ARESEP y SUTEL) de más de ¢11 mil millones, contribuir a FONATEL y pagar un canon de reserva del espectro radioeléctrico.
La intensa campaña de comercialización y mercadeo obligada ante la llegada de los privilegiados competidores le significó erogar ¢192 mil millones. Y de feria, Hacienda no desembolsa aún los ¢3.500 millones de la indemnización por la cesión de las frecuencias.
Tanta tribulación es acompañada por la descomunal pérdida neta a la que el ICE trata de bajarle ruido en función del gran tamaño de la institución y de la factibilidad de recortar el gasto en ¢80 mil millones. ¿Cómo, cuándo, por qué se descarriló el ICE? ¿Qué personajes tenían su administración, qué hacía su Junta Directiva y qué su supervisión financiera?
¿Todos ineptos, sumisos, aborregados ante los desatinos de la alianza entre políticos y empresarios?
Hoy a Teófilo de la Torre le toca bailar con la más fea. Confío en su integridad y en su capacidad para evitar que el ICE se convierta en otra Caja de Seguro Social.

Alvaro Madrigal

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Jueves 14 Junio, 2012

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