El endeudamiento de los ticos

Recientemente escribí sobre el problema de los ¢600 mil millones que deben como saldos los costarricenses en sus tarjetas de crédito, señalando esta cifra como de gran preocupación para el bienestar nacional.
Desde ese entonces he descubierto, con la ayuda de unos amigos expertos en el tema, que ese monto es solo una quinta parte del total del endeudamiento personal de los habitantes: aparte de cualquier monto adeudado por hipotecas en las viviendas y prendas sobre los vehículos, el endeudamiento personal alcanza 3 billones (¢665.665 per cápita incluyendo menores de edad).
El gran bulto de las deudas personales no está en tarjetas, sino en préstamos con almacenes, financieras, familiares, compañeros de trabajo, joyerías, prestamistas e incluso en ciertos bancos.
Es probable que del total, la mayor parte esté en el sector informal, donde no se pagan impuestos, y donde tampoco hay reglamentación de ninguna índole que pudiera proteger al que asume la deuda.
Lo cierto es que mucho de este endeudamiento está pagando intereses a tasas muy superiores a lo que cobran las tarjetas de crédito sobre saldos, que es en realidad un 3% mensual aproximadamente.
No me atrevo a especular sobre las razones de lo que pareciera ser tanto endeudamiento; es muy probable que vaya mucho más allá de lo que es la necesidad económica o la pobreza. Muchas veces es difícil ignorar el susurro de las invitaciones, a los que quizás no tienen el dinero, para que compren la pantalla plana, una joya, ropa que no se necesita, un “chuzo” a cuatro ruedas, y tantos artículos más, cuando el vendedor ofrece crédito inmediato, primas muy bajas y “pagos fáciles.”
Pero sí sería importante entender ¿por qué es que las personas acuden a fuentes tan caras para sus necesidades financieras?
Es probable que mucho sea ignorancia; se inician mal al principio en tasas de más del 100% en los almacenes y otras fuentes y después no puedan acceder a un mecanismo más formal como es la tarjeta porque no califican por estar muy endeudaos. O, quizás tuvieron tarjeta de crédito; la manejaron mal o no la pagaron y ahora no son elegibles.
Este fenómeno del endeudamiento es de tanta importancia y de preocupación que la CID/Gallup pretende realizar una investigación a fondo entre los costarricenses para entender sus orígenes y ver sus posibles soluciones.
Pero de entrada es probable que la tarjeta de crédito sea más parte de la solución que del problema; permite un manejo más formal del dinero y de las compras a tasas de interés más asequibles para el consumidor.
Por supuesto que lo ideal es que la tarjeta fuera más mecanismo de pago que de crédito, pero tomando en cuenta los hábitos del costarricense esta parece la mejor solución. Pareciera que el endeudamiento es inevitable entre los habitantes del país y entonces está claro que es mejor que estén en una institución formal que les emita tarjetas de crédito que en otro ámbito.

Carlos Denton
cdenton@cidgallup.com

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