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Miércoles 15 Abril, 2015

El desarrollo del país requiere cambios urgentes en las prácticas y regulaciones del sector financiero


Creo que nuestra democracia vive un proceso de cambio que sentará las bases para el desarrollo. Podemos conseguir los recursos necesarios, generar más recursos, y mejorar su manejo para desarrollarnos y asegurar bienestar a todos los ciudadanos.
Se requiere, en el sector público y en el privado, combatir la corrupción y la ineficiencia, y eliminar abusos económicos de los grupos de interés concedidos tanto en leyes como en el actuar de las instituciones. Debemos hacer cambios importantes en los sistemas e infraestructura de transporte, comunicación, salud, justicia, y educación. Los cambios más apremiantes deben hacerse en el sector financiero.
El sector financiero quiere y debe cambiar. Muchos ejecutivos bancarios desean un cambio para que la banca contribuya al desarrollo del país y sienten pena por el abuso actual de la banca sobre los ciudadanos y por prácticas feudales que aún prevalecen.
Para vergüenza de todos, nuestra banca resguarda el dinero de las empresas delincuentes en las cuentas inembargables del Banco Popular, a la vez que intenta, cada tanto, impedir a los costarricenses transar dólares libremente. Los bancos del Estado, que alguna vez ayudaron al desarrollo, hoy son un botín político al servicio de los que lo controlan, como recientemente nos han mostrado las publicaciones de un diario de circulación nacional. Nuestro sector financiero, incluyendo seguros, tiene el exceso de cinco instituciones reguladoras, las cuáles, en contubernio con los regulados, han “logrado” asegurarle a la banca uno de los márgenes de intermediación más altos del mundo, y han creado un perverso círculo de empobrecimiento sin fin en el que los recursos crediticios —incluyendo los destinados a desarrollo—, contradictoriamente se concentran en los que más tienen.
Nuestro sistema financiero promueve el empobrecimiento permanente, impidiendo el desarrollo y las exportaciones. Nuestra banca cobra tasas de récord mundial, a la vez que corre cero riesgo al abusar con las garantías que solicitan —en contra de toda lógica económica—. Sobregarantizan doblemente los créditos, subvaluando los activos con sus peritos por un lado, y exigiendo cesión de flujos por otro, bloqueando así el acceso al crédito a la gran mayoría de las pymes, lo que impide la competencia en el mercado nacional, y la exportación de parte de los más innovadores.
Peor aún, esta dinámica concentra los recursos en pocas empresas que cartelizan muchas industrias, las cuáles venden alimentos y servicios básicos a precios de récord mundial, golpeando doblemente a los más pobres, protegiendo los carteles de la competencia por parte de las pymes, y reduciendo el potencial exportador pues los carteles se enfocan en mantener sus márgenes excesivos dentro del país antes que competir en un mundo que no los protege.
Debemos nivelar la cancha y evitar que las entidades financieras comerciales manejen fondos de desarrollo. El cambio en las prácticas y leyes que afectan la consecución y la forma en que se manejan los fondos para desarrollo es urgente e importante. Los fondos de desarrollo no deben ser manejados por instituciones financieras comerciales, pues estas tienen intereses contrarios al desarrollo.
La Banca de Desarrollo, cuyos fondos se originan dentro del país y han sido secuestrados por más de 20 años por la banca comercial, debe tener una regulación que con sentido común ayude al desarrollo, y que no se acomode a los intereses de los bancos comerciales.
Los fondos para desarrollo provenientes del exterior, los cuáles, gracias a la credibilidad de nuestro país, estimo que podrían gestionarse en la escala requerida para desarrollarnos verdaderamente, deben ser manejados por instituciones de desarrollo sin intereses comerciales, contrario a lo que sucede hoy en día.
La tercera pata del banco. Los primeros destinatarios de los fondos de desarrollo deben ser los sectores más humildes y al respecto debemos acoger las prácticas exitosas acerca de micropréstamos, de monederos electrónicos no sujetos a la injerencia del sector bancario, y otras ideas ya probadas en países en desarrollo, a pesar de la oposición que ya mostró nuestra banca tratando con gran desprecio al presidente de Bangladesh cuando compartió con nosotros sus experiencias.
De forma complementaria deben gestionarse fondos para el desarrollo de las exportaciones.
Creo que Comex, Cinde, y Procomer además de atraer inversiones y promover exportaciones, deben gestionar fuera del país fondos para el desarrollo del sector exportador. Estas instituciones han construido una plataforma maravillosa para exportar pero la gran mayoría de las exportaciones potenciales no se dan por falta de apoyo financiero.
Es un esfuerzo de varias décadas que se pierde por perpetuar prácticas y leyes que protegen el cartel bancario. A cambio de patrocinios irrelevantes parece que apoyan el gran esfuerzo propagandístico y de doble moral de la banca para hacer creer que apoyan al sector exportador, cuando en realidad no ofrecen nada relevante ni similar a lo que existe en los países exportadores.
Es fundamental que estas instituciones se desliguen de la banca comercial y empiecen a construir la tercera pata del banco para dar un salto relevante en exportaciones que impacte el desarrollo del país.
Debemos impedir que el zorro cuide el gallinero. El gobierno, o en su defecto el pueblo soberano por medio del plebiscito, debe asegurarse que en los entes reguladores de la banca, al igual que en todos los demás consejos y superintendencias, exista representación relevante de los consumidores, con voz y voto, por medio de la Comisión Nacional de Protección del Consumidor, la Defensoría de los Habitantes, y otros.
Una nueva forma de manejar los fondos de desarrollo del extranjero debe ser concebido, con participación mayoritaria de los entes que producen desarrollo —entes de bien social y exportadores—, y minoritaria de los actuales actores del sector bancario, evitando así que el zorro siga cuidando el gallinero.
Entonces podremos eliminar la peor maleza que encharrala nuestra finca, y dar un verdadero salto en desarrollo y avance social.

Economista, MIT Sloan School of Management
Gerente general de Sweetwell CR

Carlos Mateo Peralta