El costo oculto de la crisis hondureña


Se pueden medir las pérdidas en empleos, en productos no exportados o importados, y en los movimientos mermados en los bancos cuando ocurre una crisis como la de los últimos meses en Honduras, pero hay otros costos que no se pueden cuantificar con mucha facilidad, y que son más elevados que los citados. Por ejemplo, desde que comienza la crisis política no se han dado clases en ninguna escuela o colegio público. Los docentes y sus organizaciones sindicales han apoyado la restitución de Manuel “Mel” Zelaya a la presidencia, y parte de la presión ha sido la suspensión del proceso educativo.
La cancelación de las clases de parte de los docentes es en sí bastante inusual, pero más insólito fue la solución a este problema engendrado por Roberto Micheletti, el primer mandatario de facto. Hace quince días Micheletti emitió un decreto ejecutivo que declara que todos los educandos aprobaron el año lectivo. No se sabe si el decreto aplica a la UNAH que también es institución pública, y donde no se han dado clases tampoco.
¿Cómo será el año lectivo 2010 en Honduras? A clases llegarán niños de tercer grado, que realmente no aprendieron una serie de cosas que se da en el segundo. ¿Habrá un periodo de repaso extenso, o se irá para adelante a la brava con el esquema establecido?
Si hay algo que caracteriza a Honduras es que urgentemente necesita mejorar su sistema educativo. No puede competir en el mundo globalizado en las condiciones en que está. En ese contexto, ¿qué significa la pérdida de medio año de clases a toda la población escolar?
Pero aparte de las clases perdidas y los conocimientos no impartidos, hay otros costos ocultos de la crisis. En la última encuesta de la CID/Gallup hecha a finales del mes pasado, se nota una fuerte merma en lo que es la confianza en las instituciones nacionales. En este caso no se refiere únicamente a las estatales. Los medios de comunicación, que en gran parte han abiertamente favorecido un lado u otro (Zelaya o Micheletti) en el conflicto, ahora tendrán que ver si pueden reconstruir su credibilidad entre los consumidores. Ni hablar de los partidos políticos, de los sindicatos, y de los grupos gremiales que ahora no reciben el apoyo de la gran mayoría de los pobladores.
Por primera vez en la historia moderna las mismas fuerzas armadas, tradicionalmente vistas como un ente por encima de la política, han sufrido una merma en lo que es la confianza del pueblo. Solo las iglesias, evangélica y católica, han logrado mantenerse en esta crisis.
¿Cómo será ser un niño en un país donde nadie cree en nada de la estructura institucional y donde no se dan clases, pero se aprueba un año escolar sin necesidad de estudiar? ¿Cómo será ser un adulto sin empleo, sin perspectiva y donde no hay información confiable para ayudar en la toma de decisiones?
Para miles de hondureños solo habrá una solución viable a su situación, y esa sería juntar el dinero que puedan y huir del país en búsqueda de un mejor futuro. Las estadísticas demuestran que son los más educados y hábiles los que emigran —cobrando otra factura al futuro hondureño.

cdenton@cidgallup.com

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