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Miércoles 10 Diciembre, 2014

No existe equipo que ahorre más energía que un buen análisis energético


El costo del ahorro de energía


A lo largo de los años en el campo de la consultoría energética en distintos países nos hemos dado cuenta que el empresario tiene una ambivalencia con respecto al ahorro de energía: le seduce por los ahorros económicos generados pero le teme por los costos iniciales.
Por un lado, el empresario tiene ese espíritu aventurero y creador que lo ha impulsado a ofrecer servicios o productos de manera independiente pero al mismo tiempo confía gran parte de sus decisiones en la precaución al momento de tomar decisiones financieras.
No está mal que los dueños de empresas cuiden sus bolsillos, pero sí está mal la toma de decisiones basadas en información incorrecta.
Según la experiencia personal, un 80% de empresarios piensa que el ahorro de energía ocurre únicamente con la compra de algún equipo o dispositivo: una bomba más eficiente, un panel fotovoltaico, una luminaria LED y sensores de movimiento, una flota de buses con dispositivos ahorradores de combustible, etc.
En general, son muy buenas ideas que pueden disminuir el consumo energético, pero si no existe un estudio serio de ingeniería detrás de estas medidas, pueden producirse sorpresas desagradables.
Es importante hacer notar que no solo se ahorra energía mediante la incorporación de equipo más eficiente. En numerosas ocasiones, pequeños cambios operacionales, de organización o hábitos laborales resultan en ahorros significativos que evitan el gasto en equipo adicional: el uso de aire comprimido para la limpieza de viruta, la excesiva temperatura de agua caliente en la limpieza de grasas, la flama de color amarillo en las hornallas de los restaurantes son ejemplos de malas prácticas que representan costos innecesarios.
Supongamos que un condominio residencial quiere colocar paneles fotovoltaicos para ahorrar electricidad y aumentar el valor del inmueble. Decide colocar 200 paneles fotovoltaicos, pero si hubiera hecho un estudio energético previo hubiera logrado una disminución en el consumo de electricidad, agua y otros insumos, lo cual le hubiera llevado a colocar únicamente 120 paneles y reducir así el periodo de retorno del proyecto.
El empresario equivocadamente valora más el equipo adquirido que el estudio energético previo, en este caso.
Ahora pensemos en un gasto de $5 mil para la reiluminación con tecnología LED de una nave industrial.
La idea suena bien y la empresa lo aprueba. Obviamente, se tendrá un ahorro en el consumo eléctrico pero un estudio energético mostraría que la iluminación representa una parte marginal del consumo de la planta y que esos mismos $5 mil invertidos en variadores de velocidad para los chillers representarían ahorros monumentales.
No existe equipo que ahorre más energía que un buen análisis energético.

Juan Cristóbal Torchia

Consultor, Ecoenergía y Ambientes