Carlos Denton

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Miércoles 4 Junio, 2008

El Estadio Nacional nuevo

Carlos Denton

Una característica de la cultura costarricense es que cada vez que hay una iniciativa de cambio, por más positiva que sea, aparecen personas o grupos que se oponen; la construcción del Estadio Nacional nuevo no es excepción a esa regla. El argumento principal contra este proyecto es que la mera presencia de una estructura con capacidad para albergar a 35 mil espectadores, implica la destrucción del Parque La Sabana. El corolario a esa posición contraria es que no se contempla la construcción de estacionamientos, y el parque terminará sirviendo para acomodar los autos de los asistentes.
Como respuesta a estos contrarios hay una que es la más fuerte de todas. La verdad es que si no se construye este estadio en este lugar ahora, con la donación del pueblo de China, no habrá Estadio Nacional nuevo mientras que los que leemos este periódico estemos con vida; todos, incluyendo los más jóvenes, estarán muertos por vejez antes de que un nuevo donante aparezca. La posibilidad es mínima de que el gobierno encuentre, en un periodo perentorio, otro terreno apto para el Estadio, y que sea aceptable para todos. Menos posible es que el gobierno financie un proyecto similar con recursos propios y que lo saque a licitación.
Lo que sí es definitivo es que el gobierno no debería permitir que se use espacio del parque para estacionamientos —lo que se usa actualmente para ese propósito es lo que se debería mantener. Si hay suficiente actividad, donde hay llenazos en el Estadio, empresarios en el vecindario construirán parqueos para el uso de los asistentes. Frente al Balcón Verde hay un terreno amplio donde se podría edificar un parqueo amplio, por citar un ejemplo.
Pero ¿cuántos llenazos podría haber que amenazarían al Parque y que presentarían a empresarios buena oportunidad de inversión en estacionamientos?
Se supone que el Estadio sería la sede de la Selección Nacional —a como va actualmente esa agrupación deportiva, hay dudas de que sobreviva el primer año del proceso de la clasificación—. En ese caso, habría un partido cada cuatro años capaz de provocar que se llenara el estadio. La toma de posesión de los nuevos presidentes podría celebrarse en el Estadio, pero esa actividad también ocurre cada cuatro años. Otros llenazos podrían lograrse si se ofrecen conciertos de grupos como los Rolling Stones o cantantes como Madonna, o quizás si Benedicto XVI honrara a Costa Rica con una visita, pudieran asistir 35 mil personas. En otras palabras, los llenazos serán muy eventuales.
Otro argumento en contra del Estadio nuevo es que los eventos importantes provocarán presas en todo el lado oeste de la ciudad. El Ministerio de Obras Públicas (MOPT) no ha sido capaz de ampliar la calle al lado sur (vieja carretera a Escazú), no obstante promesas profusas de las señoras que lo lideran de que sería realidad. Pero si cumplieran, no eliminaría el problema de las presas. La solución a las presas en La Sabana y en todo el país es el ofrecimiento de un servicio de transporte público rápido, eficiente, seguro y limpio; la posibilidad de que las damas dirigentes del MOPT logren eso de aquí a 2010 es cero. Con nuevo estadio o sin él las presas perdurarán.
¡Adelante con el Estadio Nacional nuevo!

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