Nuria Marín

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Lunes 1 Septiembre, 2008

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El despertar ruso

Nuria Marín
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La decisión de la Federación Rusa de reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur como estados independientes es la más reciente jugada en una compleja partida de ajedrez que va mucho más allá de la zona del Cáucaso. Se trata ni más ni menos de un pulso con Occidente, especialmente con su “antiguo” rival los Estados Unidos.
El intento del presidente Mijail Saakashvili por recuperar el control de Osetia del Sur, territorio georgiano con un porcentaje de población pro rusa y que desde los años 90 desconocía el gobierno de Tiflis, brindó al presidente ruso Dimitri Medvéved (¿o a Putin?) la “excusa perfecta” para intervenir militarmente Georgia y con ello mandar el mensaje de que Rusia defendería su zona de influencia. A qué costo, aún no está claro.
Luego de la difícil década pasada (ej. crisis del 98), la decisión de los rusos se da en una coyuntura de renovado orgullo y fortaleza nacional gracias a la estabilidad lograda por el manejo férreo del ex presidente y primer ministro Vladimir Putin, y al sostenido crecimiento económico de los últimos cinco años (7% anual) producto en gran medida de la factura petrolera en su condición de segundo exportador mundial.
A ello se suman los sentimientos de agravio y preocupación estratégica por la expansión de la Unión Europea (UE) y de la OTAN hacia su territorio, los acuerdos de Estados Unidos con Polonia y la República Checa para instalar sistemas de defensa antimisiles, entre otros.
El acercamiento de Georgia, antigua república soviética a Estados Unidos, la UE y la OTAN, elevó los temores rusos no solo por la posible pérdida de influencia en Georgia sino por el mensaje a territorios estratégicos como Azerbaiyán, Chechenia, Ingusetia y Ucrania. Es previsible que en los próximos días se realicen múltiples visitas de Occidente para asegurar al pueblo ucraniano su compromiso y lazos de amistad.
La violación a la soberanía e integridad territorial de Georgia pone en jaque a la comunidad internacional. Más aún ante el irrespeto ruso a los acuerdos de cese de fuego negociados con el presidente francés y de turno de la UE, Nicolás Sarkozy.
El dilema es complejo. La imposición de sanciones podría poner en aprietos a países dependientes de las fuentes de energía rusa. Bloquear la incorporación rusa a la Organización Mundial del Comercio (OMC) sería peor remedio que la enfermedad. Se arriesgaría también perder un aliado estratégico en temas como Medio Oriente y la contención nuclear de Irán y Corea del Norte.
Una reacción débil o permisiva, podría por otra parte, mandar una pésima señal a los aliados de Occidente, alentar a grupos separatistas o peor aún despertar intereses expansionistas.
Lo positivo del conflicto ha sido el llamado a relanzar la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, la UE y el G8 para revitalizar las instituciones en función de las realidades y desafíos del nuevo siglo.