Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 27 Noviembre, 2008

De cal y de arena
Dónde está el poder

Alvaro Madrigal

La Triple Alianza, que ha secuestrado el ejercicio efectivo del poder en Costa Rica para forjarse ventajosos resultados, no acepta —ni aceptará jamás— ninguna política de Estado que ponga en riesgo sus dominios. Lo advierte, de nuevo, en la declaratoria de guerra a la ley que extiende el instituto del referéndum a los temas de preservación del medio ambiente, ya vetada por el presidente Arias para su satisfacción. Ese concubinato del poder económico, el poder político y el poder mediático, levantó laboriosamente un modelo de Estado a la medida de sus intereses y necesidades, para lo cual —lejos de lanzarse a una aventura electoral con un partido propio— infiltró los principales partidos, les arrebató su identidad ideológica y copó el acceso a los centros de poder. Desde ahí desguazó al Estado y le despojó de los recursos y funciones estorbosos para su proyecto político y económico. Ahí nació el PLUSC, es decir, ese maridaje escandaloso por el cual se disiparon las diferencias entre partidos y se posibilitaron los repartos de alcoba para hacer de las políticas públicas un instrumento eficaz de enriquecimiento de minorías. Montó un poder casi absoluto donde los órganos del Estado actúan unísonos, como si hubiera una autoridad superior dando línea. A su vera la corrupción ha llegado a niveles corrosivos con provecho de la desaparición del sistema de frenos y contrapesos políticos, hoy reducido a mera hoja de parra para medio tapar la impudicia. La contagiosa corrupción alcanza niveles destructivos y se expande con el ropaje del narcotráfico, del tráfico de influencias, del uso de información privilegiada y la sumisión de los entes públicos... imposible combatirlos cuando la mano tiembla. ¿Cómo es que al subdirector de la DIS no se le expulsa por pérdida de confianza? Si sabía todo, porque sabía todo. Y si no sabía nada, porque es imperdonable que no supiese nada.

Quedamos notificados de que nuestra oligarquía está decidida a hacer valer su “ley de hierro”: sus cotos de caza no se exponen al riesgo. Anémica la democracia y disfuncional el Estado, nada obstruye el reino de su ley del embudo, esa que ha multiplicado la inequidad en la distribución del ingreso y la desigualdad absoluta, las contradicciones entre el desarrollo económico y la protección de los recursos naturales, la pérdida de fe en los partidos políticos y en sus liderazgos, en el aparato judicial y electoral, en la prensa y en los institutos propios de la democracia. Es Costa Rica el escenario ideal para que la ola de corrupción haga su agosto. Hasta el narcotráfico internacional notifica la presencia de sus avanzadas, procedentes de Colombia y México.

La Triple Alianza ya mueve sus fichas ante las elecciones de 2010. Borracha de dominio, no se percata de que expone a la democracia costarricense a grandes peligros y de que el control que ejerce sobre los centros de poder político y económico, legitima las dudas respecto a la calidad del torneo electoral que se avecina.