Disturbios vaginales


En un estado pueden cambiar los líderes políticos, la ideología, la legislación, el rumbo económico y muchos otros aspectos; sin embargo, la cultura de esa región siempre marcará la forma de gobernar.
La Federación Rusa que en el siglo pasado se llamó Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y antes Rusia nunca ha dejado de ser manejado de forma totalitaria. Luego de siglos de imperio bajo el dominio de los zares, la revolución de 1917 se convirtió rápidamente en una dictadura en manos de Stalin, trató de modificarse con la perestroika de Gorbachov y cambió de rumbo luego de la caída del muro de Berlín, con la presencia permanente de Putin. Aunque ha habido muchos cambios, el absolutismo se ha mantenido casi ininterrumpidamente.
La libertad de expresión nunca ha sido una tendencia cultural en esta región. Famosos son los asesinatos, los destierros a Siberia, la represión, la casi centenaria KGB.
El viernes pasado Marina Sirova, una jueza rusa famosa por ser implacable, condenó a tres jóvenes mujeres a dos años de cárcel. María Alyokhina de 24 años, Yekaterina Samutsevich de 30 y Nadezhda Tolokonnikova de 22 fueron acusadas de vandalismo.
Las chicas forman parte del colectivo Pussy Riot, un grupo de música punk-rock que realiza espectáculos espontáneos (performances) protestando contra la situación de las mujeres, la persecución de los homosexuales y el poder ilimitado de Vladimir Putin. A inicios de este año, las ahora reclusas, ingresaron en la Catedral de Cristo Salvador en Moscú y ataviadas con ropa y pasamontañas de colores vivos, interpretaron un tema musical considerado irreverente. Pronto fueron desalojadas por los guardias de seguridad, no sin antes lograr filmar su actuación y posteriormente realizar un videoclip que puede ser visto en Internet.
En la canción que ya ha recorrido el mundo, el grupo le pide a la Virgen María que saque a Putin del poder y se convierta en feminista, asegura que el dios de la libertad está en los cielos, denuncia que los gais son enviados a Siberia y critica a la autoridad eclesiástica que apoya las decisiones políticas.
Se trata de una canción de protesta como tantas. Y posiblemente entrar a una iglesia sin permiso para realizar una actuación es ilegal en casi cualquier lugar del mundo. Pero condenar a dos años de prisión a las jóvenes responsables de un acto de rebeldía, sobrepasa todo rango de libertad de expresión.
Nunca deja de sorprender que los gobernantes tengan tan poco olfato político. Un grupo desconocido, que interpreta una música que no necesariamente gusta a todos, se convierten en mártires y símbolos de la represión, causando un revuelo mundial.
Los días finales del juicio coincidieron con un concierto de Madonna en Moscú, que obviamente, se pintó en su espalda el nombre del grupo, se puso un pasamontañas y pidió una oración para las líderes encarceladas.
Sí, un grupo de jóvenes irreverentes que nombran a su grupo Pussy Riot, disturbios vaginales, puede gustarnos o no. ¿Merecen ser presas políticas?

Claudia Barrionuevo
claudia@barrionuevoyasociados.com

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