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Para un diálogo político sano, deben dejarse de lado los intereses mezquinos. Debe haber una demostración de decencia y deseos de trabajar en beneficio del país

Diálogo político, una cuestión de actitud

En la enumeración de las metas por alcanzar durante su mandato, hasta 2014, Laura Chinchilla, presidenta de la República, ha sido clara y ha definido cuatro ejes temáticos que a su vez se integran por medio de 43 objetivos en total.
Bienestar social, seguridad ciudadana, ambiente y energía y competitividad e innovación son esos ejes que ocuparán la atención y la acción del Ejecutivo, ahora ya de forma planificada.
Los planes están bien, en términos generales, para las mayores urgencias que tiene la nación. Su cumplimiento podría significar el avance que deseamos hacia la ruta que lleve a una mejor calidad de vida para todos y un camino posible para continuar el desarrollo en forma sostenible y sustentable.
Sin embargo, está claro que lo que hace falta ahora es el diálogo político que permita implementar lo anunciado. Y esto pareciera lo más difícil de lograr.
Para que este diálogo se produzca y dé resultados positivos lo primero de todo es que deben dejarse de lado los intereses mezquinos. Debe haber una demostración de decencia y deseos de trabajar en beneficio del país.
De las actitudes que se observen a partir de ahora, durante los diálogos políticos que serán indispensables, se irá definiendo quiénes actúan con nobleza y quiénes lo hacen guiados por egoísmos personales o de grupo.
Será el coloquio de altura y la capacidad de ceder para llegar a acuerdos que beneficien a la mayoría lo que permita un desarrollo exitoso del plan propuesto por la Presidenta.
Si mandan el egoísmo y la mezquindad, sufrirá Costa Rica las consecuencias. Si por el contrario, se imponen la decencia y el interés por el bien común, saldrá el país adelante, será fructífero el esfuerzo de todos y llegará la mejora que se espera.
La mandataria advierte que será necesaria una reforma fiscal, un intenso diálogo político y una mejor gerencia de los bienes del Estado.
Es decir, que cada quien tiene su cuota que aportar en este proyecto conjunto.

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