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Viernes 14 Septiembre, 2007

Diálogo oportuno y respetuoso

Estimado don Tomás, me llamó la atención conocer de su artículo “Vericuetos” (LA REPUBLICA 06-IX-07) que, además de ser criados ambos en hogares católicos y educados en colegio de curas, compartimos valores humanos como los que usted menciona. No me extraña entonces que nuestro “perfil cristiano-occidental” nos haga descubrir en las religiones musulmana y judía argumentos de fe comunes a los nuestros.
En mi caso personal, eso me ha facilitado tener amigos árabes musulmanes (de orígenes diversos incluyendo iraníes) y árabes cristianos (la mayoría de origen libanés y católicos). Asimismo, frecuento la valiosa cercanía de amigas y amigos judíos con quienes sostengo importantes compromisos humanos en los que la religión lejos de crear distancias nos complementa y aproxima. Menciono lo anterior a raíz de que su ensayo analiza otro desarrollado por el presbítero Alberto Casals titulado “¿Diálogo con el Islam?” (La Nación, 04-IX-07) ya que para esto tengo respetuosas observaciones que hacerle.
Comparto con su persona que para escribir se requieren reflexión y responsabilidad pero también se requieren, para criticar y juzgar posiciones ajenas, honestidad y respeto atendiendo a la lectura integral y al rigor intelectual de lo que se estudia. Por tanto, no me parece responsable de usted, sacar de contexto la frase “los musulmanes son humanos”, pues don Alberto recurre a ella para reafirmarla y explicar que las personas sometidas a regímenes opresores (como el comunismo) encuentran limitaciones que les impiden manifestar de forma natural la propia libertad interior y externa de la persona humana.
No consigo encontrar ni derivar del artículo del señor Casals esa “postura confrontativa” que usted señala pues observo una propuesta a no separar a Dios de la razón humana aunque sí aconseja apartar los extremismos y fanatismos del Islam, que dentro de la religión no pueden ser fundamento de conflicto. De esta manera, nos invita sana y optimistamente a meditar acerca del oportuno diálogo entre cristianos y musulmanes.
En el comentario del padre Alberto, leo una clara sintonía con el legado de Juan Pablo II, que usted bien rescata, y con las propuestas de Benedicto XVI en torno al diálogo islamo-cristiano. Como bien lo ha manifestado el actual Pontífice refiriéndose a este tema “no hay espacio para la apatía y el desinterés, y menos aún para la imparcialidad y el sectarismo; no se puede ceder al miedo ni al pesimismo”, sino que se debe “más bien fomentar el optimismo y la esperanza”.
Concluyo mencionando que tras vivir desde abril de 1992 el sangriento conflicto en Bosnia-Herzegovina, la religiosa Sor Emmanuel Maillard dedicaba su libro “Medjugorje, la guerra día a día”, de la siguiente manera: “a mis hermanos los serbios, quienes se llaman a sí mismos mis enemigos, pero quienes serían mis amigos si nos diéramos el tiempo para tomarnos un café y más que un café”.


José Antonio Montero Z.
Céd. 4-171-124