Nuria Marín

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Lunes 5 Diciembre, 2011


Creciendo [email protected]
¿Democracia excepcional?

Soy una firme creyente en el papel central del Poder Judicial como piedra angular de toda democracia. En el espíritu de Montesquieu, de los frenos y contrapesos, el Poder Judicial es el llamado a frenar cualquier abuso o violación contra la ley, independientemente de la investidura de quien lo comete. Y con más fuerza si se quiere, cuando el o la responsable del ilícito o abuso es parte del ente llamado a impartir justicia.
Es así como en una verdadera y funcional democracia, ningún ciudadano, ni siquiera aquellos que ostentan o han ejercido desde los Supremos Poderes, pueden estar por encima de la ley. Todos deben de rendir cuentas de cara a sus actuaciones.
La única salvaguarda que existe para quienes ejercen desde un Supremo Poder, que no es un escudo de protección ni de impunidad sino para frenar otro tipo de abusos y no debilitar injustificadamente la institucionalidad, es el requisito del levantamiento de la inmunidad.
Los últimos años han sido difíciles para nuestra centenaria democracia, y se ha puesto a prueba una y otra vez la fortaleza y capacidad institucional de la justicia y su compromiso con los principios fundamentales de la democracia.
Hemos tenido amargas páginas con la condena de dos expresidentes de la República, así como a una gran cantidad de funcionarios vinculados con graves casos de corrupción.
Más recientemente existe el caso de un legislador en el que en estos momentos la Corte Suprema ha iniciado los trámites del levantamiento de la inmunidad ante la solicitud del Ministerio Público por existir fuertes indicios de haberse cometido varios ilícitos muy graves.
Quizás el caso más doloroso y preocupante resulta ser la sustracción y entrega del borrador de una sentencia en un caso bajo conocimiento de la Sala Primera de la Corte a una de las partes interesadas.
Independientemente de las responsabilidades penales, se trata de un fuerte golpe a la credibilidad de la institucionalidad de la justicia de nuestro país y un llamado a que la corrupción sobrepasa cada día nuevas barreras otrora impensables.
No todo es negativo sin embargo. Debemos de rescatar la valentía de un ciudadano que no dudó en denunciar los hechos y una Corte Suprema de Justicia que ha demostrado tener la capacidad de enfrentar una crisis de esta magnitud actuando de manera férrea y con transparencia ante el país.
Debemos destacar la gran labor de los integrantes de la Sala Primera quienes no se dejaron caer en las oprobiosas maniobras y manipulaciones de una de las partes interesadas y sin dilaciones y por sus cinco titulares propietarios, se procedió al dictado de la sentencia.
Podemos condolernos por todos los casos de corrupción mencionados, pero también debemos de alegrarnos de que a pesar de las duras pruebas seguimos contando con una democracia que pese a los embates sufridos continúa siendo excepcional.

Nuria Marín Raventós