Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 11 Marzo, 2010


De cal y de arena
De terremotos y maremotos

Haití y Chile devastados por la furia de la naturaleza y desafiados —en dimensión y circunstancia muy diferente— en su capacidad de reacción. Azorados por la tragedia haitiana, cuando creíamos que nada peor que esa hecatombe podía suceder, sobreviene lo de Chile. En uno y otro caso, la solidaridad internacional se vuelca generosa. En Haití, para ayudarle hasta en lo elemental pues su paupérrima sociedad y la incuria de su clase política le han impedido todo sentido de prevención y de reacción ante los embates de la naturaleza. En Chile, la solidaridad internacional acude a coadyuvar en el esfuerzo que emprenden sociedad y gobierno para ponerse de pie. Es una de las más fuertes economías de Latinoamérica, consciente por lo demás de lo que significa una acentuada afectación sísmica y con un alto grado de organización y prevención. De poco sirvió ante el poder destructivo de uno de los terremotos más intensos de la historia asentada en registros. No hablemos de la endeble realidad haitiana. Tomemos nota de que en Chile —rico, pujante, con altos índices de alfabetismo y envidiable sentido de organización y prevención— la naturaleza desató las presiones acumuladas y con un terremoto y un maremoto demostró que toda la organización y eficiencia que se pregonaban eran como humo de paja.

En Costa Rica no estamos a buen recaudo. Nos puede suceder lo mismo, quizás no con tanta violencia pero sí con parecidas secuelas devastadoras. Recuérdese que el 1º de setiembre de 1992 un maremoto abatió parte de la costa pacífica de Nicaragua, con cientos de víctimas y millones de dólares en pérdidas materiales. Se originó en un fuerte sismo ocurrido sobre la empinada pared de la Fosa Mesoamericana, pared que se derrumbó, empujó las corrientes marinas y originó tres olas de 8, 10 y 11 metros que abatieron las costas nicaragüenses hasta en 300 metros tierra adentro. La Fosa Mesoamericana es una depresión en el piso marino sito frente a las costas centroamericanas, a unos 10 kilómetros de Guanacaste, más o menos por la zona donde repetidamente se viene hablando de la ocurrencia de un sismo importante (de 7 grados en la escala Richter y algo menos de 60 segundos de duración) por la alta acumulación de energía resultante de la subducción de placas tectónicas. Los expertos en la materia han advertido de la inevitabilidad de un terremoto. ¿Acompañado de un tsunami, como en Chile?. Podría ser devastador, como en Haití, en una zona con infraestructura pública de pequeña capacidad de resistencia y con una gran cantidad de edificaciones levantadas sin acatar las reglas del nuevo Código Antisísmico.

Ligado de algún modo con esta zona, resumo estos pensamientos no por creer que podamos dominar la naturaleza ni por confiar en que hay medidas preventivas y de organización a prueba de fuego. Lo hago con la preocupación resultante de constatar cómo la gente de por allá no toma en serio las informaciones de los científicos. Aquello podría resultar un pandemonium. ¿Cuándo? Nadie sabe. Por eso, como en el póquer... ellos fichan.