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Miércoles, 21 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Custodio de los santos lugares

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 11 junio, 2009



De cal y de arena
Custodio de los santos lugares

Nadie mejor que doña Laura puede garantizar a los detentadores del poder, el continuismo del modelo de país que han implantado. Por voluntad propia o por imperativo de los hechos, la señora Chinchilla pasa a ser en la campaña que se inicia “custodio de los santos lugares”, es decir, símbolo de respeto al señoreaje que ejercen los hermanos Arias en el Partido Liberación Nacional, y de cobijo a los privilegios que derivan sus valedores con el modelo neoliberal que ha suplantado el ideario social demócrata.
Por eso, unos y otros, los amos del poder político, del poder económico y del poder mediático que se apoderaron del PLN para asegurar la preservación del modelo económico y político que tantas ventajas les ha legado, no se anduvieron con escrúpulos ni reparos jurídicos para volcar a favor de la candidatura de su interés todo el arsenal a su disposición: desde recursos públicos a financiaciones privadas pasando por la manipulación de la noticia y las encuestas para maquillar la imagen de la administración Arias e inducir el sentimiento popular.
La “Triple Alianza” (el poder político, el poder económico y el poder mediático) que supo hacer a un lado diferencias con menor rango, tiene muy claro lo que se juega en las elecciones del 7 de febrero y por eso pone toda la carne en el asador para asegurar que mediante la división de las filas del frente llegará la victoria de la candidatura delfín, que tan oneroso está resultando para la equidad, la justicia social y la calidad de la democracia.

Doña Laura ni ha criticado ni se ha distanciado; ha sido franca y audaz al identificarse con el gobierno, sus obras y sus proyectos. Es la candidata oficialista que venció al Johnny Araya que tardía y tímidamente, quiso poner distancia y advertir de los peligros para la democracia que representa la concentración de poder construida bajo el alero del PLN una vez que se jodió el proyecto con la Unidad Social Cristiana. Sus temores a enfrentar y denunciar eso de que nos vino a hablar al puro final, le pasaron factura y la aplanadora oficialista lo aplastó. Como podría aplastar también a quienes no quieren entender lo que está en juego. O que —peor aún— entendiéndolo, lo secundan y se inmunizan ante los llamados a desprenderse de ambiciones personales o de posiciones redentoristas.
El alto porcentaje de abstencionismo parece el único alimento de sus esperanzas de que alguno de ellos vaya a las elecciones de segunda vuelta a disputarle la presidencia a Chinchilla. Como si solo ahí, en el Poder Ejecutivo, hubiese espacio para decidir la suerte del modelo de país que acoge —todavía, y a la espera de ser revalidado por una Sala Constitucional independiente— nuestra Carta Magna. ¿Es que en la Asamblea Legislativa no puede atrincherarse el más selecto grupo de representantes populares decididos a hacer valer el Estado Social de Derecho?