Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 13 Julio, 2016

 Sufrimos un entrabamiento institucional que hay que resolverlo urgentemente, antes que la calle lo resuelva

 

Pizarrón

Constituyente, ¿sí o no?

Costa Rica en su vida independiente, desde 1821, ha contado con casi quince constituciones políticas, y desde 1871 tres constituciones han dominado la vida política del país.
De estas últimas, la de 1917 duró pocos meses, ya que a la caída de la dictadura de Tinoco se restableció la de 1871, hasta que la Junta de Gobierno, en 1948, la suspendió y decidió convocar la Constituyente de 1949 que elaboró la Constitución actual.


Hasta 1871 la cantidad de constituciones obedeció, en parte, a la crisis de la gestación del Estado costarricense y del Estado Nacional, de las clases sociales y grupos económicos y políticos que se iban formando, a la necesidad de estructurar el Estado a sus particulares intereses. Esto se acompañó de una intensa conflictividad político militar, y a una cantidad de breves gobiernos, exceptuando a Juan Mora Fernández y Juan Rafael Mora Porras, con largos gobiernos.
Daniel Oduber planteó la necesidad de ir a una nueva Asamblea Constituyente para redactar una nueva Carta Magna. Oduber y quienes le apoyan, desde entonces, por considerar que la Constitución de 1949 no respondió a los intereses del grupo militarmente triunfante en la Guerra Civil de 1948.
Hacia 1990 debido a los grandes cambios que sufrieron el desarrollo del Estado y su institucionalidad, y por las nuevas relaciones económicas internacionales y el nuevo modelo interno de desarrollo, que se impulsó e impuso, se empezó a cuestionar la validez de la II República y de la Constitución vigente. Aparecieron nuevas voces, incluso desde sectores progresistas, proclamando la necesidad de una nueva Constitución, y una Nueva República. Así se habló de fundar una III República y hay quienes hasta de una IV República, sin haber pasado por la III.
Algunos convocaban la Constituyente echándole los males del país a su organización institucional y no a sus malos gobernantes.
Yo participé, en ese tiempo, de los opositores a esta nueva Constituyente por el ambiente político interno conservador que había y el entorno internacional que nos rodeaba.
Desde 1998 el país ha cambiado en muchos sentidos en su aspecto político, especialmente en sus niveles de participación ciudadana, de crítica pública, de grupos emergentes nuevos, de intensas protestas sociales y de nuevo tipo, de transparencia, de igualdad y equidad de género, de polipartidismo cada vez más dinámico acercándonos en algunos aspectos a niveles de regímenes parlamentarios. Sin embargo, sufrimos un entrabamiento institucional que hay que resolverlo urgentemente, antes que la calle lo resuelva.
La Asamblea Legislativa en los últimos días ha dado pasos, al menos publicitarios, que marchan en esta dirección, que de continuar podrían evitar la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Mientras tanto esta sigue incubándose, y hasta han pensado en recolectar firmas para su convocatoria por referéndum.
El Dr. Alex Solís Fallas ha introducido a la corriente legislativa un proyecto de convocatoria de una Asamblea Constituyente. Y, hoy miércoles 13, a las 6:30 p.m., presenta en el Colegio de Abogados, el libro “Una Nueva Constitución para vivir mejor. Solución pacífica para la gobernabilidad democrática”.
Confieso que hoy estoy abierto a la consideración de una nueva Constitución Política, e invito a mis lectores a asistir esta noche a este debate, y a estudiar esta propuesta inteligente, razonada, que se acompaña con un texto constitucional novedoso, que se aprobaría para el 15 de setiembre de 2021.

 

Vladimir de la Cruz